Quienes me inspiran a seguir

domingo, 23 de octubre de 2011

Presente




... Quiero que tengas presente que, aunque pasen horas, días o semanas, jamás te olvido.

Quiero que tengas presente que siempre recuerdo tus palabras de amor, siempre.

Quiero que tengas presente que, aunque a veces soy una tonta, soy una tonta enamorada.

Quiero que tengas presente que siempre he pensado que tu amor es lo mejor del mundo, de MI mundo...


Jen dejó el lápiz a un lado, dobló la hoja de papel en cuatro partes y la metió en el sobre, que selló cuidadosamente antes de guardarlo en el bolsillo de su cazadora. El día sería pesado, lo sabía, pero ya encontraría un tiempo para enviar aquella extraña y corta carta de amor.

Y estaba feliz por eso...

jueves, 20 de octubre de 2011

Me Quedaré Contigo



La guitarra reposaba olvidada en aquel rincón polvoriento de la habitación. Ella estaba allí, sentada en la esquina opuesta, haciendo que el espacio entre ella y el instrumento pareciera una distancia abismal. Ella abrazaba sus piernas fuertemente contra su pecho, con sus brazos temblando, con la cabeza hundida entre las rodillas. Ella estaba triste, ella estaba sola, ella tenía miedo.

Habían tomado todo lo que necesitaban de ella, la habían dejado solo con un profundo pesar en el corazón, y ya no tenía nada más por lo que luchar o por lo que vivir. Estaba sola de vuelta, estaba sola y a nadie le importaba, ni siquiera a ella misma. ¿Dónde había ido a parar su resolución? ¿Dónde estaba la muchacha que decía que sola estaba mejor? Ahora tenía lo que quería, lo que había pedido, ahora estaba sola. Pero ya no le agradaba tanto como antes.

La tormenta afuera de esa oscura habitación se hacía más y más fuerte a cada momento, a cada segundo que pasaba los truenos adquirían más poder sonoro, tronando en el cielo como explosiones sin brillo ni luz, explosiones sin fuego que te alcanzan y te azotan, que te hacen estremecer. Y ella estaba allí, en medio de las explosiones de sonido, aterrada. La tormenta jamás cesaba para dejarla alcanzar su instrumento, y si no lo alcanzaba pronto la tormenta no se iría.

Un trueno resonó más fuerte que los demás, la habitación se iluminó con fuerza, ella gritó de terror, sollozando como una niña pequeña... Y unos brazos de pronto la tomaron y la arrastraron con ellos. Y una voz se alzó en la oscuridad, abriéndose paso entre el sonido casi ensordecedor de los truenos, una voz que cantaba, que reía, que susurraba.

—No temas —le dijo la voz, pero ella no abrió los ojos. Y luchó para soltarse de esos brazos que la asían con fuerza cariñosa, luchó porque aún tenía miedo.

—¡Déjame! —chilló, con lágrimas en los ojos. ¿Porqué no la dejaban sufrir en paz?

—Yo jamás te soltaré ni te fallaré —le dijo la voz, la voz con un cuerpo, con una forma, con mirar profundo y sincero.

Porque ella alzó la mirada para perderse en los ojos de ese ser y se encontró con la realidad, con confianza, con seguridad. De pronto la habitación dejó de dar vueltas, de pronto los truenos no eran más que brisa huracanada, de pronto podía escuchar a las estrellas tintinear como cascabeles, de pronto ya no tenía tanto miedo.

—¿Qué me hiciste? —le preguntó ella a la persona frente a sí, a ese joven que la sujetaba de los brazos con una fuerza cariñosa que la hacía estremecer.

—Te doy mi confianza, ¿puedes darme la tuya? —sonrió él, perdiéndose en los ojos de ella sin saber que hacía vibrar su alma con fuerza.

—No me conoces —tartamudeo ella, incapaz de soltarse del agarre de esos ojos, del poder magnético que habían generado en su persona.

—¿Eso importa acaso? —inquirió él, volviendo a arrastrarla por la habitación suavemente. Ella le siguió, sumisa, confiada— Confiar no es tan difícil, cariño.

Y en un segundo eterno ya estaban al otro lado de la habitación, junto a la guitarra que ahora parecía brillar junto a ellos. Y pudieron ver la habitación regada de papeles en el suelo. Partituras, poemas, historias de caballeros de brillantes armaduras, canciones, sueños puestos en papel, en una ilusión color blanco con puntitos negros. Y los truenos se detuvieron del todo cuando él acarició la mejilla de ella con tanta ternura que ella sonrió como jamás en su vida había hecho. Y el mundo pareció detenerse en ese instante en que sus labios sen encontraron en una caricia suave y fugaz, una caricia de reconocimiento.

—¿Puedo cantar para ti? —dijo de pronto ella, tomando la guitarra del suelo suavemente.

—Canta todo lo que quieras, yo estaré aquí, contigo —sonrió él, sentándose en el suelo, su espalda apoyada en la de pronto brillante muralla.

Y ella rió con ánimos cuando sus dedos tocaron las cuerdas del instrumento y las notas, de colores brillantes y sabores dulces se alzaron en la habitación. Y cuando su voz salió temblorosa durante el primer segundo se sintió tonta, pero lo vio a él y supo, en su corazón, que todo iba de maravilla.

Y ella cantó para aquel que iba a quedarse para siempre a su lado, para aquel que le había mostrado que volver a confiar no era tan difícil, para aquel que ahora la hacía tan inmensamente feliz.





Nota: Dibujo propiedad de Agustín Aguayo, yo solo se lo robé. ¡Gracias, Agustín!

martes, 18 de octubre de 2011

La Última Esperanza




Allí estábamos los dos, al borde del abismo. Yo temblaba como una bandera al viento huracanado, tú sujetabas mi mano con fuerza, tratando de darme parte de tu entereza. ¿Porqué viniste hasta aquí? Pudiste dejarme seguir sola, lo sabes, hubiera sido lo mejor. Pudiste dejarme caer aquella vez también, aquella vez en la que te mostré que si me lo proponía podía volar porque lo soñé. Sabías que no tengo alas, pero me seguiste en mi locura y cuando salté, tú me esperaste abajo, con los brazos abiertos y una sonrisa en el rostro. ¿Porqué lo haces, si mi locura es contagiosa?

—No tienes que hacerlo, Antu —susurré casi sin fuerzas, mirando el abismo de lava ardiente metros más abajo.

—No tengo... —suspiraste, aferrando más fuerte mi mano. Te miré desesperada, ¿acaso este es nuestro adiós?— Pero quiero hacerlo, Kashiri.

Estás loco, ¿sabías? Te abrazo con más fuerza, sollozando como la chica débil que soy. Te necesito, si no estas no sé que sería de mí, si no estuvieras aquí, tomando mi mano, abrazándome, ayudándome a caminar, creo que hubiera lanzado la toalla hace mucho con esta locura. ¿Qué haría yo sin ti? ¿Qué hubiera sido de mi sin ti? Llegaste precisamente en el momento justo de mi vida, llegaste con tu risa, con tu luz, con tus palabras hermosas y llenas de ternura, abrazaste mi alma como jamás nadie había hecho nunca... O tal vez yo me había negado a recibir abrazos así solo por esperar el tuya, a que tu presencia llegara a mi.

—¿Estás seguro de querer hacer esto? —susurro, secándome las lágrimas del rostro y respirando profundamente un par de veces. Me miras con tanta decisión que de pronto yo me siento valiente, igual que tu alma indómita.

—Cuando te conocí —me dices, abrazándome por la espalda y apegándome contra tu pecho. Tus brazos son tan cómodos y confortables, tan cálidos...—, pensé que tenía que ser una broma. ¿Cómo una chica así podría siquiera ayudarme? No podías ayudarte a ti misma en ese tiempo, pero ahora... Ahora eres esa última esperanza, y como tal, no te dejaré morir sola.

—Si tú brincas, yo interrumpiré tu caída esta vez —te digo, besando tu mejilla.

Creo que juntos somos la esperanza. No lo soy yo, no lo eres tú, lo somos juntos, unidos. Podrán intentar arrebatarnos los sueños, las ilusiones. Podrán intentar pasar por sobre nosotros, por sobre ti, por sobre mi, pero somos resistentes cada uno por su lado, pero juntos... Juntos somos una fuerza color verde tan infinita y poderosa que luchar, enfrentarse a nosotros sería cavar sus propias tumbas.

Nos tomamos de las manos una última vez, nos miramos a los ojos, nos perdemos un segundo en un suave beso que no tiene nada de romántico, en un beso que simboliza casi el traspaso de tu fuerza a mi y de mi propia fuerza a ti. Nos abrazamos como si quisiéramos fundirnos con el cuerpo del otro y luego, cerrando los ojos, nos dejamos caer.

¡Nos saldrán alas, ya lo verás!

Y si no salen... Habremos descubierto nuestra última esperanza, dejando a nuestros sueños flotar en forma de canto hacia las estrellas.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Sonríe, vale la pena ser feliz




—¿Me prometes que no vas a llorar más? —le escuché decir entre mis sollozos, y quise decirle firmemente que se fuera a la mierda, pero no pude hacerlo...

—Lo prometo... —sollozó ella, mirándome con esos ojos que demostraban tanta desvalidéz que llegaron a asustarme de momento.

—Yo tampoco voy a llorar más —me dijo, estrechándome en un poderoso abrazo que agradecí en el alma. ¿Cómo era capaz de hacerme sentir tan bien?

—¿En serio? —no puede evitar preguntarlo, por lo que regalé una amplia sonrisa, un beso en la frente y otro en la mejilla antes de darle una caricia en el cabello.

—Claro que sí, siempre hablo en serio con estas cosas —a veces me preguntaba dónde quedaba la chica segura que había presentado, siendo transformada en esta... Niña—. Así que, ya sabes, saldremos adelante juntos.

—¡Sí! —exclamó, abrazándome con suma fuerza— Te quiero, loco, te re quiero y te re amo...

—¡¿Y tú a quién le dices loco, loca?! —me reprochó, y no pude hacer otra cosa que romper a reír, la primera risa que marcaba el comienzo de este largo trayecto de sanación— No, es broma, yo también te quiero y te amo, amiga...

martes, 11 de octubre de 2011

Enamorarse





Ninguno de los dos esperaba que aquello sucediera, no lo habían imaginado, tampoco había sido alusión de sus más locos sueños. Pero allí estaban, mirándose a los ojos de manera tímida. Ella, con sus cabellos siendo despeinados por la fuerza del viento y él, mirándola a los ojos con la emoción desbordándose de sus poros. Ella bajó la mirada hacia sus manos, él se perdió en aquellas mejillas arreboladas.

—Hola... —susurró ella, pensando en que no querría despertar jamás de ese sueño.

—Hola —dijo muy seguro él, mirándola seriamente, sin saber qué más hacer.

¡El amor! ¿Cómo había florecido entre ellos sin siquiera conocerse? ¿Cómo había sido posible?

Enamorarse... Esa experiencia mágica, llena de sueños tontos e ilusiones hermosas con colas de colores que uno trata de entender, comprender y aferrar para que no se vayan. Ese sentimiento lleno de beldad, lleno de cariño, lleno de misterio, tan hermoso como caótico.

Ellos se vieron y se amaron, no necesitaron más que eso. Ella sabía que él era quien había estado esperando, a quien amaría por el resto de sus días. Él sabía que ella iba a reparar su corazón, la princesa en la torre a quien él quería rescatar. No necesitaron más que una palabra, un verso, una canción para recordarse de vidas pasadas e imaginar su amor eterno en vidas futuras. Se amarían para siempre, eso era seguro.

—Estoy enamorada de ti —admitió ella, abrazándose con fuerza a su amado, llorando de felicidad.

—Y yo estoy enamorado de ti —admitió él, sonriente y alegre, viendo el rostro taciturno y sonrojado de ella.

Habían esperado tanto, habían buscado tanto ese amor ingenuo y lleno de gracia y por fin estaba allí, entre sus brazos enamorados...

Y sabían que sería para siempre...