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domingo, 2 de febrero de 2014

Carta al Mundo

¿Se han dado cuenta lo que se siente cuando descubres que algo no sólo fue un error, sino que... fue una traición? Así, sin necesitar pruebas ni confesiones, porque dentro de ti lo sientes como lo que en verdad es, como una traición pura y dura.

Bueno, así me siento yo.

A veces trato de luchar contra mi cabeza, pero ¿saben?, en realidad es muy difícil. Porque cada vez que me miro al espejo, me odio. Porque cuando recuerdo palabras de algunas personas, siento que nada vale la pena. Porque creí en personas que solo se estuvieron riendo de mí todo el maldito tiempo, y eso no es justo. ¡No es justo, maldición! ¿Qué les hice yo? Estuve siempre allí, con mis estúpidas palabras de aliento, con mi estúpido buen corazón, con mi estúpida sumisa forma de ser. ¿Qué les importó? Solo les gustó jugar con mi confianza, con mi dolor, con mis imperfecciones, burlándose de mí todo el maldito tiempo.

¿Y qué si no tengo nada bueno que entregar? ¿Y qué si siempre estoy deprimida? ¿Eso les da derecho de hacerme tanto daño? Y lo peor no es eso, lo peor es que ellos son las víctimas siempre. Porque yo fui la mala, porque yo fui la que le "rompió el corazón" a uno y quien no "aconsejó" de buena manera a otro. ¿Y dónde queda lo que yo soy, lo que yo siento? ¿Dónde queda lo destrozada y absurda que me siento?

En este momento... sé que soy realmente patética. Y no quiero que me digan lo contrario, porque es algo que sé y que asumí. Soy una idiota torpe y patética que no puede siquiera cargar con el propio reflejo que le devuelve el espejo cada mañana. Porque estoy harta de sentirme así, pero no sé cómo dejar de sentirlo de esta manera.

¿Alguna vez se han reído de ustedes? Cuando eres imperfecto, y vulnerable, y te odias. ¿Alguna vez les han dicho que los aman mientras miran modelos mejores, más bonitos, haciéndote sentir afortunada por las migajas que consigues?

A mí sí.

Me dijeron que me amaban muchas veces, y aunque ahora estoy con una persona que me ayudaría a conseguir el mundo que yo no puedo alcanzar porque soy demasiado débil y cobarde, las traiciones y los errores aún me duelen. Me duelen porque yo confié, puse mi vida en un par de manos por completo durante cuatro años, relegándome hasta el final siempre, aceptando un porcentaje de compasión que pensé me correspondía. Y ahora veo la luz, pero... ¿por qué no puedo dejar de sentirme destrozada y herida?

Porque confié, estúpidamente confié. Di mi voluntad a cambio de gritos, de dolor, de horas y horas interminables de llanto que no puedo olvidar, de lágrimas que no puedo secar, de pesadillas que no sé cómo espantar.

¿Existe alguien allá afuera que se sienta como yo? ¿O soy la única loca esquizofrénica que se siente así? Pidiendo perdón a quienes sufren esquizofrenia, yo sé que no son tan como yo.

Porque soy patética. Porque me siento pequeña, vulnerable y patética. Porque no puedo con esto sola pero no tengo el valor de pedir que alguien me ayude, porque soy demasiado orgullosa como para permitir que las personas que amo me vean así de destrozada y herida.

Hay cosas que he podido superar, pero me ha costado tanto, tanto, que ya no me siento capaz de salir de este estado una vez más. Siento que me estoy perdiendo a mí misma otra vez y necesito que el mundo me muestre lo que en verdad soy. Pero estoy aterrada de eso. ¿Y si aquello que me muestran es demasiado como para soportar? ¿Y si no estoy preparada para enfrentar la verdad?

No soy una mujer perfecta, en realidad sé, estoy consciente que soy el colmo de la imperfección. No soy una chica atractiva, ni inteligente, ni mucho menos tengo algo que me haga especial. No soy buena hablando, no soy buena mostrándome al mundo tal y como soy porque estoy jodidamente asustada de lo que las personas piensen. Porque por mucho tiempo mi vida estuvo regida por el "qué dirán", relegando lo que yo no soy y lo que yo no sé a último plano, desviviéndome por quienes quiero, por quienes habían llegado como caballeros oscuros para decirme que si el mundo era una mierda, que yo fuera el doble de mierda con el mundo.

Pero ¿cómo hacer eso cuando no te nace, cuando no lo sientes?

¿Y cómo perdonar la crueldad de lo que he visto, de lo que he leído, de lo que me han hecho, directa o indirectamente?

A principios de este año me dije que todo sería diferente, que no volvería a caer en la depresión, que todo iba a salir bien de ahora en adelante. Pero ya no siento esa convicción y ya no tengo el coraje para dejar de hacer todo lo que hacía para no sentirme más de esta manera.

Me siento como un monstruo, como una abominación, como una aberración que no debería de existir. Porque me he mirado al espejo y no he encontrado, para variar, nada que me guste. Porque he mirado mis muñecas y he tenido el impulso idiota de volver a lo que hacía siempre. Porque me he inclinado sobre el lavamanos del baño y lo he sacado todo como dije que no lo haría. Y al no parecerme suficiente estoy siendo tan patética para escribirlo aquí, en mi santuario, aquel que dije jamás mancillaría.

Me siento tan idiota que solo quiero que el mundo venga y me rescate. Que me cubra o que me mate, pero que me arranque este dolor que no debería existir.

Siento rabia, siento odio, siento dolor. Y lo peor de todo es que no es contra quienes puedan merecerlo, es todo, absolutamente todo contra mí.

Y lo detesto...

Cristal.-

martes, 7 de agosto de 2012

Llamado de atención...
...A un observador que no sabe escuchar


B, si estás leyendo, esto es para ti. Y si no lo estás leyendo, pero alguien más te lo dijo o incluso yo misma te lo digo, cuando encuentre la paz para hacerlo y encierre la rabia otra vez en su rincón oscuro, quiero que sepas que te lo advertí.

Te lo dije una vez, B, te advertí que no me obligaras a ser una hija de puta mala persona contigo. Porque maldición, sé que no soy perfecta. Sé que soy la persona con más defectos en el mundo, pero no creo que uno de mis defectos sea el no hablar de frente. Me he expresado con claridad, ¿no? Yo creo que fui, aparte de clara, bastante sincera, así que por favor ahórrate tus palabras hoy conmigo. Ahórrate la expresión de cachorro abandonado y ahórrate la saliva de tu victimización, porque no la quiero. Porque no la necesito.

Una vez yo te di tres consejos, también, pero veo que o bien no te importaron lo suficiente para recordarlos plenamente o bien los miraste y, como muchas cosas en tu vida, no les diste importancia. Y esos consejos, B, te los dije junto a la advertencia. Al tiempo que te advertía que no me obligaras a sacar lo peor de mí contigo, te estaba diciendo cosas realmente importantes. Pero ahora -no sé si esto es rabia o si, en cierta medida será cierto-, solo puedo ver que lo importante en realidad no te interesa y que aquello que no tiene ningún valor para ti puede llegar a ser incluso más brillante que el oro. No sé. No me importa saberlo, tampoco.

"Lo único necesario para que este mundo siga en el rumbo que está es que las personas buenas no hagan nada. Yo no soy buena, B, me considero todo lo contrario pues he lastimado y herido, y aunque ahora me arrepiento, no sé si lo hice en el momento oportuno. Se dice que nunca es tarde, pero a veces lo es. No esperes a que otros hagan algo bueno por el mundo, sé tú misma el ejemplo de ello y has aquello que salga de tu corazón..."

Ese fue el primer consejo que te di, y puedo decir que fue incluso más doloroso decirlo que hacerlo, porque es algo mío, algo que aprendí a la fuerza, algo íntimo y de gran valor, algo que me define y mucho más importante que todo lo anterior. Es algo que compartí contigo, poniendo mi confianza en juego y abriendo mi corazón casi con dolor. ¿Te importó? ¿Has aplicado algo de eso? Yo creo que no. Sigues encerrada en tu pequeña iron maiden, segura, dejando que otros se lastimen por ti sin que te importe verdaderamente. Dejando que yo aporree el acero sin piedad, lastimándome, pero siguiendo en la labor. ¡Y no te importan mis lágrimas, no! Al final de cuentas se supone que soy indestructible, ¿no? Por lo menos eso es lo que yo quiero creer, una mentira necesaria para que tú sigas teniendo un soporte y yo no me sienta patética, ¿cierto? Abre los ojos, B, no eres la única que sufre.

"Un corazón herido es súmamente peligroso. Jamás esperes hacer daño y que no te sea regresado, B, porque sería el error más estúpido que pudieras cometer. Observa, detente a pensar y luego abre la boca. Di algo coherente. A veces las disculpas no son todo, a veces un 'lo siento' no es suficiente. Antes de decir algo, medita tus palabras y observa, detente a analizar y date cuenta que tus palabras y tus acciones pueden lastimar a alguien de manera totalmente irreparable..."

Te lo dije, B. No me digas que no te lo advertí, también. Sabías que en el fondo, más que darte un consejo estaba tratando de protegerme y de ponerte sobre aviso. Te dije que un corazón herido es peligroso y te dije también que jamás jugaras con una llama que no pudieras ser capaz de controlar. Y otra vez me pregunto: ¿En verdad me escuchaste alguna vez? ¿En verdad prestaste atención a mis palabras o simplemente entraron por un oído y salieron por el otro? Sabes que mi corazón es fácil de destrozar, que no se lo doy a cualquier persona porque lo han dañado, lo han roto y he tenido que reponerme sola de ello. Yo no tuve lo que tú tienes, maldición, ¡deja de desperdiciarlo! ¡Deja de actuar como lo haces ahora! Abre los ojos, B, y date cuenta que me estás lastimando. Que nos lastimas a J y a mí con tu estúpida actitud de "prometo hacerlo algún día, lo siento". El "algún día" no sirve, B. No sirve.

"Si dejas que las emociones te dominen -y esto te lo dice alguien híper-emocional-, terminarás cavando tu propia tumba. Las emociones son hermosas, pero peligrosas cuando no sabes controlarlas y dejas que te consuman. Tienes que poner el límite, decir 'hasta aquí' y saber, aunque las frenes, que en el fondo son parte de ti. Tú dejas que lo malo te consuma, lo transformas en una parte de ti y esperas que alguien más venga a luchar en tu lugar, pero... No siempre habrá alguien para socorrerte, B. Tienes que aprender a pelear tus batallas sola. Tienes que aprender a caer y levantarte, aunque para eso debas engañarte y decir 'no duele'. Aunque debas mentirte una y mil veces..."

A veces nos tocará estar solos, y siempre será en los momentos más difíciles de nuestra vida. Yo puedo intentar protegerte, puedo intentar ayudarte a encontrar una respuesta, puedo intentar muchas cosas por ti, B, pero no estaré para siempre. Yo también tengo mis problemas, como todo el mundo. Tú sabes que tengo el síndrome de Superman, lo has visto de primera mano. Entonces me pregunto: Si tanto dices que te importo, si tanto dices que jamás me lastimarías, ¿porqué no tratas de ver, por sobre tu dolor, que yo cargo con el mío también? ¡Te he dicho que me cansé de ser el soporte! Necesito que alguien sea mi soporte ahora, pero parece no importarte lo más mínimo cuántas veces te lo diga. Yo tengo mi dolor, B, si no harás nada productivo por dejarme solucionar mis problemas, mejor cierra la boca y date la vuelta. No te necesito para vivir. La única persona que necesito para vivir es él y claro, a mí misma.

¡Pueden venir los golpes que sean necesarios, que yo no cederé! Pero B, te dije que yo cuido de los míos con garras y colmillos. No toques este fuego, te lo advertí, que si alimentas la llama ya no serás capaz de controlarla. No me lastimes, porque mi dolor él es capaz de percibirlo, de hacerlo suyo, al igual como me sucede a mí con él. No me alejes, no me obligues a ser así contigo, no me hagas hacerte daño. Sabes que yo puedo ser muy buena si me lo propongo, no apartes eso de mí, no asesines esa parte que está hecha para las personas que amo y atesoro en lo más hondo y brillante de mi alma.

No es una amenaza, B. Como te dije antes, es una advertencia. No lloraré una lágrima por ti, puesto que sabías podría tener esta reacción si te equivocabas conmigo. No me reproches ni me reclames luego, porque no podrás ablandar mi corazón. No digas que soy injusta, porque no lo soy. Si quieres ganarme de vuelta... Tendrás que obligarme a confiar en ti de nuevo. Sabes que me cansé de dar segundas y terceras oportunidades. Y yo no te he dado una ni dos, B, ya van muchas oportunidades que te estoy dando desde hace mucho tiempo.

Y una última cosa que decirte antes de irme, un nuevo consejo para ti:

Si no vas a decir nada coherente o importante, nada que valga la pena... Mejor guarda silencio.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Madre


A pesar de todo lo que te amo... Quiero hacer esto como una forma egoísta de desahogar el dolor que en estos minutos está cargando mi corazón.

Tal vez nunca tuvimos una relación maravillosa, tal vez nunca nos miramos demasiado como para apreciar los sentimientos que guardábamos la una por la otra, tal vez hoy sea demasiado tarde para decirte todo lo que siento... Pero de todas formas lo haré. Porque soy egoísta.

¿Recuerdas cuando peleábamos por tonterías? Yo sí, claramente lo recuerdo. Recuerdo que tú ponías cara de circunstancia cuando llegaba a entradas horas de la noche a casa, y tú me interpelabas que no me mandaba sola. Siempre te dije que lo hacía, que tenía el derecho de mandarme a mí misma porque me lo había ganado a base de esfuerzo y responsabilidad. Tú gritabas, yo bajaba la cabeza. Recuerdo que te enfurecía que tratase de mantener orden en una vida irremediablemente caótica, cuando ninguna de las dos se conocía en verdad.

También recuerdo cuando me marché de casa aquella tarde lluviosa de Mayo. Habíamos peleado otra vez, ni siquiera recuerdo la razón de nuestra disputa, solo soy capaz de recordar que caminé durante largas horas bajo la lluvia, sollozando como una nena desconsolada pues no sabía qué más hacer. Quería ser perfecta para ti también, pero jamás logré conseguirlo. Tal vez me esforcé demasiado o tal vez no me esforcé lo suficiente. No lo sé, ahora no me importa. Solo me importa que, cuando yo pensaba que no te importaba más (tus palabras hirientes me lo mostraron así), justamente llamaste a mi móvil. Recuerdo tus palabras exactas y, aunque en ese momento me dolieron hasta el infinito, hoy las recuerdo con una sonrisa en el rostro: "Ven inmediatamente a casa o pescarás una pulmonía". Tu voz demandante no dejaba lugar a réplica y yo, sumisa, volví a casa. Al llegar me esperabas con una manta, un café y una reprimenda pujando por salir de tus labios. Las dos primeras llegaron al segundo, la tercera... La hiciste esperar hasta la mañana siguiente, cuando una alta fiebre me azotaba.

A veces, más que como una madre, te veía como una tutora estricta y dedicada, que quería solamente poner orden en su metro cuadrado, que quería mandar bajo su techo y que siempre hablaba con una seguridad aplastante. Me enseñaste con ese actuar tuyo que una debe levantarse sola, que el valor es importante en este mundo cruel, que si no llevo mis valores aferrados firmemente de la mano no soy nada, que a veces una se siente sola y que tiene que acostumbrarme. También me enseñaste que el amor no existía... Hasta que me dijiste que estabas enamorada otra vez y de un hombre que no era mi padre (por suerte).

Hoy... Hoy sí puedo verte como una madre pues si bien nunca fuiste muy cariñosa o atenta conmigo, me he dado cuenta que tu amor se cuenta en detalles. Porque cuando me fui de manera definitiva de tu casa, en nuestra última discusión hace casi tres años, tú no me buscaste (y yo tampoco quise hacerlo, tal vez por miedo, quién sabe) pero... Pero llorabas todas las noches por cómo habían continuado las cosas entre nosotras.

Te culpabas por haberme dejado ir, por no ser más blanda y por no darme el amor desbordante que yo, a veces, te exigía de manera puramente egoísta. Pero, al final de todo, la culpa no es de nadie. La culpa no es tuya, pues siempre fuiste un modelo de mujer realmente perfecto a seguir. Fuerte, dura, una mujer que sabía levantarse sola de sus caídas sin derramar más de una lágrima. A veces sueño con un día tener tu entereza.

La culpa tampoco es mía porque, al final de cuentas, yo solamente exigía más amor del que te enseñaron tus padres a dar. Yo, tan exigente contigo y tú, tan exigente conmigo, ambas en una carrera por quién se cansaba primero para darle el triunfo a aquella que podía continuar en la carrera...

Mamá... Hoy entiendo que todo lo que pasó entre nosotras, solo fue tu manera tosca de enseñarme sobre la vida y sobre cómo ser una mujer. Sin ti hoy no sería la mujer que soy (para bien o para mal). Sin ti no sabría amar de la manera en la que sé. Sin ti hoy no sería más que una cáscara sin personalidad... Tú forjaste, junto a muchos otros, lo que soy hoy, pero de entre todos, creo que es contigo con quien debo estar más agradecida.

Mamá... Tal vez jamás llegues a leer esto y, tal vez, yo jamás tenga el verdadero valor que tú me enseñaste para decírtelo a la cara. Soy una cobarde, lamento no poder enorgullecerte como quieres que lo haga pero prometo que me esforzaré cada día porque las cosas sean mejores y yo poder, si acaso, ser la mitad de excelente mujer que eres tú. Prometo esforzarme en ser yo misma para siempre también. Prometo que tomaré tus enseñanzas y les sacaré todo el provecho posible. Prometo... Enorgullecerte más de lo que tus esperanzas piden.

Te amo, mamá, siempre ha sido así... Y siempre lo será.

martes, 1 de mayo de 2012

A un Hermano



Querido L.:

No sé si este será el medio adecuado para decir lo que siento/pienso, pero no tengo un recurso mejor. Tampoco sé si algún día tú lo verás, pero tengo la esperanza acunada en el corazón de que será así.

L., yo... Lo siento mucho.

Lamento si hice o dije algo que te molestara, lamento si no fui lo suficiente para mantenerme a tu lado, lamento si mis decisiones egoístas te han lastimado más de lo que yo imaginé sucedería. Lamento el estar de pronto comportándome como siempre, pero es que no sé tampoco ser de otra manera. Lamento si dije algo y te has sentido herido. Lamento si me fui y te haz sentido abandonado. Lamento si estoy equivocada con todo estoy y solo estoy hablando incoherencias egoístas una vez más...

L., quiero que sepas que te amo.

Te amo como se ama a un hermano, a un compañero de toda la vida, a la sombra de las travesuras. Te amo como si fueras parte de mi (cosa que en parte eres, pues te siento así) y, a pesar de que la indiferencia asesinó un poquito de mí ese día domingo, aún así no dejo de sentir todo esto por ti. L., para mí tú eres como mi familia, esa que siempre quise tener a mi lado. Eres como el hermano con el que soñé o el hijo que anhelé cuidar y mimar. Eres como el compañero de aventuras y el pequeño joven sabio. L,. tú tienes parte de mi corazón contigo en este minuto, puedes hacer lo que quieras con él.

Una vez te lo dije, a pesar de que no recuerdo mis palabras exactas, sé que lo dije:

"Ahora eres parte de mi corazón. Tienes una gran parte de él. Te lo regalo"

Creo que eso es todo lo que quería decir. Ahora solo me queda esperar a que lo veas (si es que lo haces) y pues... También esperar los mejores resultados.

Con mucho amor...

Esa chica que aún está para ti... Y lo estará para siempre.

lunes, 23 de abril de 2012

Escudo



Siempre vas por la vida sacrificándote por los demás. Siempre vas con el arma por delante y la fe cargada a modo de balas. Siempre vas con una espada al cinto con la inscripción de "valor" en su hoja. Pero entonces yo me pregunto... ¿Dónde está tu escudo...?

Todos necesitamos un escudo, incluso tú, que crees ser indestructible y poder salir siempre bien librado de todo lo que te pasa. Todos necesitamos una protección extra para cuando las balas rugen por atravesar el kevlar, todos necesitamos un escudo que nos proteja del fuego del dragón o de los cohetes y granadas que vienen contra nosotros. ¿Porqué tú no portas tu escudo, caballero?

No eres indestructible, no puedes pelear contra todo tú solo, no puedes solamente ir a morir porque crees que así arreglas todos los errores que hemos cometido en el pasado... Aunque a veces yo sea incapaz de recordar lo que nos sucedió.

¿Acaso olvidaste tu escudo?

—A veces es necesario morir por la "princesa"...

¿Acaso no quieres usarlo?

—Hay que hacer sacrificios en momentos determinados...

¡Pero portar un escudo no significa que seas débil, significa que tienes algo que defender!

—No necesito un escudo si puedo sacrificarme a mí mismo...

¡Pero no quiero un sacrificio, quiero tenerte junto a mí!

—Solo somos amigos y uno a veces debe hacer sacrificios por esa amistad...

¡Puedo ayudarte a ocuparte de tus problemas!

—Tú debes quedarte quieta y esperar un buen resultado...

¡¿Acaso no ves que yo también puedo ser escudo?!

Quiero ayudarte, quiero ayudarme, ¡quiero ayudarnos! ¿Porqué no aceptas de una maldita vez lo que tengo que ofrecerte? ¿Porqué no quieres ver lo que está frente a tus ojos? ¿Porqué no podemos simplemente ser como cuando nos conocimos, aunque sea solo el recuerdo de un tercero lo que yo sepa? ¿Porqué no me aceptas como amiga?

Soy tu amiga... Quiero que olvides que soy frágil porque no lo soy. Yo también tengo algo que defender [nuestra amistad] y no quiero que me hagas a un lado de manera egoísta mientras acabas con tu vida.

Por favor, S., déjame ayudarte...

S., déjame ser tu escudo, aunque sea una vez...

Con Cariño, E.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Abriendo el Pecho [Carta a uno mismo]

A veces es bueno admitir las cosas que uno siente y ponerlas en un lugar significativo. Nos gusta conocernos, pero más nos gusta que nos conozcan. Es extraño, pues aunque estas palabras van dirigidas solamente a mi, en el fondo anhelo con que las personas vean y lean lo que siento y que de mis temores y mis sentimientos ellos se sientan representados. ¿Quiero decir con esto, acaso, que quiero ser una valiente destacada? Quizás, quizás no, pero es lo que hay.


Estuve pensando también que tipo de etiqueta debería llevar esta entrada y, al no poder decidirme por una sola, pues puse los grupos que más se aferraban a las palabras que están por aflorar, a pesar de que estas palabras se apegan a mi carácter que desea siempre mostrar la parte introductoria de cualquier cosa. Es extraño, pues lentamente he comenzado a escribirme a mí misma como si le escribiera a un extraño, con protocolo y decoro, con un saludo, un texto de fondo y una conclusión, más estas palabras van dedicadas a todos y a la vez a nadie en especial. Dedicadas a quien quiera tomarse un segundo de su tiempo para detenerse y observar este pecho que está abierto, y que sangra en palabras de colores. Y creo que ya comienzo a sonar redundante.


Hoy, al igual que todos mis días desde hace casi dos semanas, ha sido un día lleno de emociones. En el fondo siempre está sembrada la duda [¿Me quieres? ¿Te quiero? ¿Somos un capricho?] y por mucho que trato de responder esas interrogantes, no me siento capaz de hacerlo, así que espero a que alguien me observe, me mire a los ojos y me de las respuestas que necesito. A veces, durante estos días, he sentido la inmensa necesidad de echarme a llorar abrazando una almohada y tratando de aceptar que la situación es así y que, a pesar de estar juntos, nuestras almas están en polos opuestos y buscan cosas realmente diferentes. Hemos llorado y reído juntos, pero en realidad no estamos juntos, ¿o sí? No lo sé, te siento lejos, pero más que tú estés lejos, la que está perdida soy yo. ¿Podré encontrarme si no estás aquí?


Ahora estoy escuchando una canción, no sé si la conozcas [tal vez sí, tal vez no. Tal vez te la canté alguna vez, tal vez olvidé mencionarla, da igual] y puedo decir, sin temor a que suene falso o hipócrita, que su letra va dedicada a ti. Sí, lo sé, soy una persona que siempre está dando señales de cariño, pero como dice una humorista que vi una vez: Si eres una mujer fea, estamos mal, pero te puedes salvar con tu inteligencia. Pero si además de ser fea, eres tonta y, encima de todo, no tienes carisma, estamos sonados, nena.


Tal vez no seré una chica hermosa, a pesar de no ser fea, no soy bonita, soy una chica más que físicamente no destaca por nada más que no sea su cabello rojo, por lo que tengo que salvar con otras cosas, con otras cualidades. Ya he admitido que soy tierna y ha quedado claro que mi cerebro tiene lo suyo, pero más allá de eso, no soy graciosa y normalmente los hombres tienden a sentirse intimidados cuando una mujer muestra señales de inteligencia superior [si es que se le puede llamar así], por lo que todo lo que me queda es usar mi casi nulo encanto para ser una persona agradable que derrocha amor. Ahora bien, que no se mal interprete. No muestro abiertamente la forma de querer que tengo solo para ser aceptada, me muestro así porque es la única forma que me queda de destacar sin utilizar los métodos de arpía hija de su madre que trataron de enseñarme a ser desde niña. Además, me gusta demostrarle a las personas que amo, que les amo.


Ahora volvamos a ti, querido. ¿Piensas en mi? ¿Me quieres? Muchas preguntas que yo no sé contestar y que tú no te dignarás jamás a contentar. Y pensar que esta carta va dedicada a mi, pero está tomando el rumbo de la carta a un amante, a pesar de que tú y yo no somos nada más que... ¿Qué? ¿Qué somos, querido? ¿Somos amantes? ¿Somos amigos? ¿Somos algo más que conocidos? Yo puedo decir sin temor a equivocarme que siento un gran afecto por ti, pero lentamente estoy comenzando a arrancarte de mi corazón, pues de momento es lo más sano que encontré como respuesta. Abrir mi pecho fue la parte fácil, lo más sencillo de esto, pero la parte complicada vino después, cuando hice una mirada en retrospectiva hacia tu recuerdo gravado a fuego en mi piel y mi mente, en mi alma, para darme cuenta que estás asido más firmemente a mi corazón congelado de lo que quiero aceptar. Así que corrijo, no voy a arrancarte de mi corazón [de momento], pero sí voy a suprimir [o intentar suprimir] lo que siento para no destrozarme más...

Dejó el lápiz sobre la mesa y miró la hoja que se extendía frente a ella. Tenía manchas de vino, quemaduras de cigarrillo y estaba arrugada de tantas veces que sus manos habían intentado detener las letras que fluían desde su mente hasta su mano y de allí, con la extensión del bolígrafo negro, hasta el papel.

—Necesito otro trago... —susurró levantándose de la silla, encendiendo un nuevo cigarrillo y arrojando aquella carta a la chimenea.

Ya había soltado lo que tenía que soltar, ahora solo debían consumirse aquellos sentimientos obscenos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Contestando la carta del Caballero


Ella tomó papel y pluma, inclinándose sobre la mesa luego de leer aquella corta misiva sin remitente. Sabía de quién venía, podría reconocer esa caligrafía así estuviera ciega, podría reconocer esas expresiones así jamás las hubiera escuchado antes. ¿Porqué él no confiaba en ella? ¿Porqué él no podía creerle?

—Jamás hubiera hablado si no hubieses insistido —le habló a la nada, como si esas palabras pudieran llegar hasta él.

Tal vez no llegarían jamás. Tal vez no quería él saber más nunca de ella. Tal vez se sentía traicionado luego de tantas traiciones por parte de los demás. Pero ella le había jurado por lo más sagrado que tenía, le había jurado por un recuerdo. Le había jurado que ella jamás lo lastimaría...

Pero iba a defenderse de aquello como mejor podía hacerlo. Mojó la punta de la pluma en el frasco de tinta, estiró el pergamino con cuidado y se acomodó en su silla a la luz de las velas, dispuesta a ser lo más clara, directa y sincera posible. Aunque ella siempre pensó haber sido sincera.


-~-


Caballero:


En mi defensa


Nadie resiste tanto dolor...
Tal vez no, tal vez suene irreal, pero es la verdad. Y citaré algo que una vez leí, no recuerdo en qué lugar: El mal siempre es posible, la bondad es eternamente difícil. En un mundo en el que existe tanto mal, en el que existen tantas personas que lastiman a los demás sin razones, ¿es tan difícil creer que aquella clase de dolor existe? O incluso, ¿es tan difícil creer que alguien puede resistirlo? ¿Tan débiles son las personas ahora?

Nadie vive demasiado sobre la tormenta...
No siempre he vivido sobre la tormenta, pero si he de reconocer que fue mi error el acobardarme durante mucho tiempo y, además de eso, ver solo el lado medio vacío del vaso que plantaron frente a mi. Pensé no tener la fuerza para superarlo todo, aún cuando me lo repetías cada día con una sonrisa paciente. Hoy me siento capaz de hacer que la tormenta se detenga porque le perdí el miedo, y le perdí el miedo por temor a perder algo mucho más importante.

Nadie debe utilizar la mentira para encontrar el amor...
Jamás mentí, siempre fui sincera, lamento que se mal interpreten mis palabras. Ahora otra frase que leí en otro cierto lugar: Cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde pues todo se transforma. Nunca fui tan desdichada como parece, pero como mencioné antes, estaba demasiado inmersa en mi propia oscuridad para ver que estaba recibiendo cosas maravillosas. Lamento no haber tenido la entereza de darme cuenta antes de que las cosas se torcieran, pero ahora que tengo la frente en alto, lo aclaro. NO MENTÍ. Puedes creerme o no, tengo la consciencia tranquila.

Si atención se busca, verdad se debe contar...
Reitero, siempre fui sincera. Inmadura, sí. Ciega, sí. EMO-cionalmente inestable, también. La verdad reside en corazones que pueden cargarla. La vida no es justa, dicen. La vida es horrible, dicen. La verdad os hará libres, dicen. No deseo atención, incluso, prefiero pasar desapercibida pues así evité muchísimos conflictos, pero creo que antes de conocerme tuviste la desgracia de conocer personas horrendas. ¿Necesitas descargarte? ¿Necesitas explotar? Explota y arde, pues no estarás solo. Aunque no me quieras a tu lado, estaré allí y esa, querido, esa es la verdad.

Si amor se quiere, confianza se ha de dar...
¿Y si la confianza estuvo allí por un lado, pero del otro la duda era mayor? Vivimos en un mundo donde las personas engañan para tener, para ganar un lugar en el que estar, pero jamás hay que olvidar que que existen personas que dan confianza sin esperarla de vuelta, aunque cuando se dan cuenta de la duda en el corazón del otro su mundo se derrumba como un castillo de naipes. Sé que suena hipócrita decir que no espero nada a cambio del cariño que entrego, nada más que un saludo, pero es la verdad. No eres el único, Caballero, que se ha detenido a ayudar a una damisela en apuros.

A un hombre nunca le mientas ni lo lastimes...
Otro dicho: No le hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti. Sea hombre o mujer, la persona que esté frente a ti es un ser humano también, con sus defectos y virtudes, con sus risas y sus llantos. Si puedes hacer algo para secar sus lágrimas y darle cinco minutos de risas, hazlo, pues un día, tarde o temprano, esa pequeña semilla de amor dará frutos y podrás sentirte bien contigo mismo porque hiciste algo bien, por ti y por esa persona. Conozco lo que es el dolor, sé que tú también, por eso somos sinceros y no nos lastimamos. La duda nos hizo esto, no nosotros, Caballero, estoy segura de ello.

Porque aunque por fuera luzca fuerte e indolente...
Nadie es así, nadie "luce". Los seres humanos estamos compuestos por Voluntad, Valor, Amor, que son las cosas que nos ayudan a salir adelante. Voluntad por vivir un día más junto a quienes amamos. Valor por enfrentar un día más al mundo, con sus personas, con sus fuerzas, solo para irnos con una sonrisa de orgullo propio a la cama. Amor... Está de más decirlo, las personas no somos islas, necesitamos de los demás para salir adelante, para sentirnos bien porque solos no podemos. Un mundo en solitario es muy oscuro. Tu fuerza es tu voluntad, si tu voluntad duda, tu fuerza lo hace.

Su corazón puede ser más blando que un algodón...
Está demostrado, aunque nadie quiera creerlo, que los hombres son muchísimo más sensibles que las mujeres, pero están obligados a permanecer enteros pues nosotras les necesitamos a ellos para mantenernos enteras. Es un círculo de nunca acabar, pero así es la realidad. Por eso, porque entiendo el dolor que puede cargar el corazón de un hombre es por lo que soy incapaz de lastimarlo, por lo que no puedo ser una mala persona con ellos.

No espero que me creas, solo quería mostrarte lo que siento y pienso, pues como dije antes mi consciencia está tranquila. ¿Es esto un intento desesperado por arreglar las cosas, poder sentarnos a charlar y tratar este asunto como los amigos que se supone que somos? SÍ, si lo es. Sentirme mal o preocuparme no cambiará nada, si lo pensara significaría que vivo en otro planeta con un concepto diferente de realidad, pero vivo en el mismo planeta que tú, las cosas no son diferentes. En lugar de sentirme mal estoy tomando cartas (literalmente) en el asunto porque no quiero, y lee bien esto, NO QUIERO PERDER A UNA DE LAS PERSONAS QUE ME DA LA FUERZA.

Te estoy infinitamente agradecida por prestarme tu hombro en más de una ocasión, pero estoy más agradecida de que, de buena o mala manera, de manera bizarra o no, hayas tenido los pantalones de decirme en mi cara "no te creo, demuestra lo contrario". Si me dices la forma en la que debo demostrarte mi sinceridad, estoy dispuesta a venderle mi alma al diablo para conseguirlo, porque si hay algo en este mundo por lo que vale la pena luchar, es por tu amistad, Caballero.

Un abrazo con toda el alma.

-~-

Selló la misiva con cuidado, se acercó al halcón que la esperaba, amarró la nota en su pata y lo soltó, observándolo alzar el vuelo con un suspiro escapando de sus labios y lágrimas rodando por sus mejillas. Necesitaba algo caliente para sacudirse la tristeza antes de volver a andar, aún le quedaba un largo camino por recorrer.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Fuego y Hielo



Ella:

Una vez me dijeron que era como el fuego. Que quemaba con tanta fuerza que podría derretir los corazones de quienes me rodeaban con solo una mirada, pero yo no les creí al principio, más ahora veo a qué se referían.

No puedo controlar la forma en la que te observo, la forma en la que mis ojos te siguen sin poder contenerlos, sin poder hacer más que rehuir la mirada cuando me encuentro sorprendida mirándote con tanta ahínco. Y no puedo tampoco dejar de observarte, no puedo dejar de ser fuego porque eso es lo que soy. Sé que no te gusta el fuego, lo siento, no puedo controlarme. ¿Podrás amar a esta pobre alma que quema, sin querer lastimar a los demás? ¿Podrás amarme aún sabiendo que puedo destruirnos en el proceso? ¿Podrás decirme que me amas y luego soportar la explosión de sentimientos mientras yo ardo, sabiendo que no puedo evitar destruirte?

Lo siento, hielo. Te amo demasiado y no puedo permitir que por ser tan diferentes eso nos separe. Estaré contigo aunque eso enfríe mi piel ardiente y apague mi corazón en llamas.

Él:

Siempre que me observas siento que me quemo, y sé que no puedes evitarlo pues tu inocente y torpe manera de ser es así. Y es que tú sabes que estoy hecho de hielo, querida, sabes que no puedo estar cerca de ti sin consecuencias.

Yo tampoco puedo controlar la forma en la que te quiero, con este amor gélido que me domina, con este frio que cala los huesos y las almas de quienes quieren acercarse a mi alma serena y pausada en el tiempo y el espacio. Mi alma ha estado tanto tiempo herida, la sangre ha manado tanto de allí que todo el calor terminó por esfumarse solo para dejar en ese lugar un pozo translúcido transformado en máscara de imparcialidad, de inexpresión, de mil cosas que jamás nadie sabrá. ¿Podrás perdonarme por las lágrimas que te haré derramar? ¿Podrás perdonarme por querer alejarte de mi de manera inevitable, solo por verte brillar un poquito más y un poco más que el sol, también?

Lo siento, fuego. No puedo permitir que te apagues mientras tu calor me derrite, no puedo permitir que tu sonrisa sea nublada por el vapor en el que me trasformaré si me mantengo cerca de ti.

Ambos:

Nuestro destino es estar tan cerca como para matarnos o estar tan lejos como para morir de ausencia del otro...

miércoles, 6 de julio de 2011

Padre




Y ahora vienes... Ahora cuando no necesito ni quiero nada de ti ni contigo, cuando te quiero lo más lejos posible mi, luego de quemar todas tus fotografías, de ahogar el recuerdo de tu espalda en el océano oscuro, quemando el retrato que te hice, mirando como las cenizas se consumen.

Ahora vienes, cuando ya no te necesito, dándotelas de héroe, de salvador, del señor de la cordura y la razón. Te plantas frente a mi, y lloras, y te muerdes los labios, y te haces sangre. Aprietas los puños, sin mirarme, te avergüenza siquiera darme la cara.

Y yo no quiero nada de ti, no necesito nada de ti...

Hace mucho tiempo dejé de querer provocar tu afecto. Hace mucho tiempo dejé de tratar de ser la hija perfecta. Ya no quiero nada de ti, ni tu cariño, ni tus disculpas, no ahora que ya es tarde.

Quédate con tus abrazos jamás dados, quédate con tus palabras vacías, quédate solo porque ya no correré tras de ti como cuando era niña y necesita, anhelaba tu protección. Tu padre fue más padre para mi que tú, así que vete, aléjate de mi, piérdete, no te quiero...

Y dudo poder quererte de nuevo...

Si es que alguna vez te quise...

¿Sabes que es lo único bueno que recuerdo de ti? ¿Sabes lo que trato de no olvidar cuando te veo o te nombro?

Trato de no olvidar aquella vez que, muy de niña, tendría unos seis o siete años nos vimos y me llevaste a pasear al parque. Le dijiste a mi abuelo que me vistiera bonita y él, complaciente y bueno, me puso un vestido celeste con lazos blancos con zapatos de charol. Me cargaste en tus brazos, fue la única vez que lo hiciste. Una vez en el parque te subiste a un columpio y me sentaste en tu regazo, yo me abracé a mi muñeca de trapo y tú, con tu brazo derecho tan fuerte como lo recuerdo, me aferraste mientras nos balanceábamos suavemente. Me dijiste que siempre me protegerías...

Mentiras...

Siempre mentiste demasiado bien y yo, tonta, estúpida...

Siempre te creí...

Luego de eso solo recuerdo peleas, gritos y tu espalda que se alejaba por mucho que tratase de alcanzarla. Corría siempre tras de ti, siempre, pero por mucho que te llamé jamás volteaste a mirarme...

Hasta ahora...

Ahora que ya no te necesito, ahora que ya no te quiero, ahora que te perdí el respeto...

Ahora que te odio...

Y digo, atragantada por las palabras y las lágrimas de tristeza porque esto no pasó antes, porque tu arrepentimiento como padre no llegó cuando lo necesité...

Ya te perdí el respeto...

Siento que haya pasado de esta manera...

Adiós... Papá...

domingo, 8 de mayo de 2011

Cartas [Homenaje al Día de la Madre]

Carta 1.- De una hija maltratada por su madre

Querida Mamá:

Sé que a veces tienes días malos en tu trabajo, que por cierto es muy demandante, más aún así yo te espero en casa con la comida servida y una sonrisa a pesar de que sé de sobra que tal vez ese día también quieras arrancarme cada cabello de la cabeza, ¿pero sabes? No importa. Solo somos las dos desde hace mucho tiempo y sé que tienes demasiada frustración por haber sido madre tan joven y además madre soltera. Quiero mamá, que en este día tan especial tu dejes tu frustración a un lado, no por mi sino por ti, para que puedas crecer mejor como persona y ser un poquito más feliz a pesar de que, como dije, quieras arrancarme los sesos. Tal vez no seré una hija modelo pero sí quiero que sepas que te amo con todo mi corazón, de eso no hay duda. Tú mamá me diste la vida, me das un techo y comida cuando pudiste fácilmente dejarme en la calle... Eso para mi es un "te quiero hija", aunque tal vez jamás lo escuche de tus labios.

Hoy te daré la alegría más grande de todas mamá, de eso estoy segura. Hoy he decidido irme de la casa. Tengo ya la maleta lista y ahora con lágrimas en los ojos te escribo esta carta para decirte cuanto te amo, cuanto te voy extrañar y cuanto deseo que encuentres la felicidad sola, como siempre soñaste. Adiós mamá, siempre me acordaré de ti. Cumpleaños, Navidades, Pascuas y Años Nuevos, si en esas fechas te llega un regalo, un ramo de Camelias (que sé son tus favoritas), por favor no las tires, son mi regalo para que sepas que no te dejo de pesar y amar.

Feliz día Mamá... Te desea tu hija

Suyei



Carta 2.- De un hijo rebelde

Ma':

Sabes que no sirvo para esto...

Hoy es tu día y te escribo esta carta a pesar de lo medio borracho que estoy. Sé que siempre te causo disgustos, que pasas horas en vela esperando que llegue a casa de la juerga con el alma pendiendo de un hilo esperando que llegue entero (ya que sobrio ya no te quedan esperanzas) y que rezas cada noche porque enderece mi camino y deje de hacer estupideces por ahí. Lo siento ma', yo te quiero mucho y sé que te he jurado y perjurado que voy a cambiar mientras nos abrazamos en la entrada de la casa luego de una de esas peleas en las que, con los humos en la cabeza te llamo "vieja metiche". Aún no entiendo porqué siempre me perdonas pero te lo agradezco porque al final eres la única que siempre ha creído y creerá en mi.

Te amo mi vieja chica, mi madre hermosa. Tal vez no te lo diga nunca y sean más las veces en las que te digo que te mueras, pero ma', no lo digo en serio, solo de enojado porque me gusta irme de juerga. Ahora ma', te prometo, te juro que esta será la última ve en que me veas así, ahogado de borracho. Por ti cambio mi viejita linda.

Te amo ma', feliz día.

Huenchupan



Carta 3.- De unos mellizos que trabajan con su madre

Mamá:

¿Sabes mamá? Con mi hermana hemos estado pensado seriamente todos los días del último mes en el gran esfuerzo que hacemos nosotros como familia. Desde que papá nos dejó para irse con otra mujer que tú sola has sacado adelante la casa y a nosotros. Tal vez no tengamos mucho, pero nosotros sabemos que lo que tenemos es gracias a ti y a lo fuertes que nos haces. Eres un ejemplo de mujer mamá, esperamos tenerte con nosotros mucho tiempo más.

A veces, muy entrada la noche te escuchamos llorar bajito en la cama de al lado, preguntándote qué puedes hacer para que nosotros dejemos de acompañarte a trabajar. Mamá, queremos que sepas que no nos importa, incluso, nos gusta mucho salir a trabajar contigo, así llueva o haga sol, porque eso nos une más como familia.

No te atormentes mami, te amamos mucho y mientras más tiempo pasemos juntos más fuerte será nuestro amor.

Feliz día te desean tus mellizos

Antu y Lafquen



¡Feliz día de la Madre!

PS: Mañana sigo que muero de sueño xD

martes, 5 de abril de 2011

Solo una más...





Ingenua, esa es la palabra para describir la forma en que este amor me domina. Me controla haciéndome tonta, ingenua y estúpida, crédula a tus palabras, a tus besos y caricias, haciéndome caer siempre un poquito más en esta que es tu mentira.

Cada vez que me miras a los ojos y me dices que me amas yo noto que es extraño, que puede que no sea cierto, pero aún así te creo, aún así termino de lastimarme siempre un poquito más mientras la cadena con tu nombre tira de mi cuello, arrastrándome, quitándome lo poco de dignidad y orgullo que no lograste remover con tus falsas palabras de amor, con tus falsos versos y poemas.

Quisiera no creerte, no creerle al mundo y no creerme a mi misma. Quisiera saber que es una mentira, una dulce y agria mentira, algo que es solo un sueño fugaz como pesadilla intermitente. Jamás lo sabré, esta es solo una palabras más antes de irme. No sabrás más de mi, nadie jamás volverá a oír mi nombre, será como si nunca hubiera existido.

Lo peor de todo es que yo jamás te olvidaré, siempre te protegeré...

Déjame, esto es solo una más. Solo una más...

Una palabra más de este amor ingenuo, estúpido y fugaz...



Jeane K. Halsahalf

martes, 1 de marzo de 2011

Carta de una amante



Querido Ángel:

Aquí, mirando el atardecer comienzo a redactar mi carta. ¿Recuerdas que siempre tomaba una fotografía de lo que observaba cuando te escribía algo? Esta no será la excepción...

Lo cierto es que tengo mil razones para odiarte. Eres un idiota que se deja llevar por las palabras de terceros a la primera que pasa, acobardándose, dejando que otros controlen tu vida por temor a perder lo poco y nada que haz construido... Al final eso que tanto aprecias, eso que tantos años te tomó crear déjame decirte que no es nada, nada comparado con lo que pudo ser y no fue.

Pero no me atrevo a alejarte de ese gran proyecto de vida, no señor, eso no me importa ya. Quédate con tus sentimientos mediocres que a mi ya no me van a importar más. Me dijiste "te quiero" seguido de un "lo siento" y eso cariño, déjame decirte que no es querer, es justificarse. Estas justificando lo injustificable, estas tratando de darle una razón estable a la decisión de mierda que tomaste, pero como dije, ya no me importa.

También es muy cierto que no puedo dejar de amarte. Un amor intenso y fugaz como la lluvia de verano, un amor doloroso y autodestructivo. Me enseñaste, no puedo negarlo y dejar de agradecerte. Me enseñaste a luchar por mi y es por eso que te digo esto: Te amo pero jamás volveré a caer en tus brazos. Es probable que me cueste horrores verte caminando en una acera, sujetando la mano de tu hija mientras le regalas miradas a tu esposa, miradas que una vez fueron dirigidas a mi porque supuestamente ya no la amabas. Sí, llegué a darte una razón para volver a creer en el amor y ahora la que no cree más soy yo.

Buscaré en otros brazos el calor que los tuyos me quitaron, eso es lo que haré. Buscaré hasta saciarme de un amor no correspondido, ahogándome en el placer masoquista de amarte y odiarte a la vez... Y esta, amor mio, es mi última carta.

Ya no habrá más versos ni canciones, más te quieros o éxitos. Si, te deseo lo mejor del mundo, te lo mereces pues no eres mala persona, solo te acobardaste en el momento en que yo más te necesitaba. Lo cierto es que ya no te necesito, pues ya ni siquiera me necesito a mi misma. Hasta aquí llegó la bonita canción de amor...

Hoy comienzo de nuevo, desde cero diciéndote adiós. Cuídate y cuida a tu hija, es el regalo más grande que tienes, un tesoro que debe ser valorado... Por lo menos valora eso.

Hasta siempre

Edén

sábado, 26 de febrero de 2011

Carta de una madre a su hijo no nato




Querido hijo mio:

Cuantas noches te he añorado, extrañándote solo como una madre sabe hacerlo.

A pesar de que las circunstancias no fueron idóneas, yo te amé desde el momento en que te sentí crecer dentro de mí, pasando noches completas arrullándote, cantándote y escribiéndote versos para ser tu orgullo, para que cuando nacieras y fueras mayor los leyeras y supieras cuanto te he amado desde siempre.

Costó mucho convencer a tu abuela de cuanto te amo, convencerla de que jamás te abandonaría. Comenzaste a ser mi luz desde el momento preciso en que te diste a conocer, dándole un vuelvo a mi corazón, haciéndolo latir por ti. Y yo me juré protegerte de todo mal a costa de mi propia vida. Que mala madre fui al dejarte morir.

Mi precioso sol, que llenaste mis días de alegría, que sacaste lo mejor de mi... ¿En el cielo me esperas ya? Espero que si, porque te mereces eso y mucho más. Te juro que cuando muera te buscaré para al fin verte crecer, para darte el amor que mereces y para ser la madre que quise ser para ti.

Perdóname por no haberte cuidado como era debido, lo siento tanto, pero por lo menos sé que en la próxima vida vamos a estar juntos otra vez. Te sentiré creciendo dentro de mí y seremos ferlices de una buena vez.

Mi amado Dema, te fuiste primero, pero espero me esperes en el cielo, aunque eso suene muy redundante... Y perdona a mami por usar palabras difíciles, es que no sé usar otras ya.

Ya pronto vamos a estar juntos, juntos para siempre. Por lo pronto me despido con millones de besos que tienen tu nombre y con abrazos cálidos para hacerte dormir plácidamente, velando tu sueño como centinela incansable.

Con amor, mamá

sábado, 1 de enero de 2011

Amigos...


Hoy he querido hacer una reflexión.

Todas las personas tenemos amigos. Hay amigos "buenos" y amigos "malos", pero esos son amigos al fin y al cabo. No importa que tanto daño nos cause un amigo, siempre seremos capaces de perdonarlo, de tratar de comprender su dolor, la razón que lo impulsó a pasar de "amigos buenos" a "amigos malos", la razón de su odio sin motivo. Y le daremos la razón agachando la cabeza, ladeandola tal vez y susurrando un animoso "lamento si te hice enfadar" o "siento mucho lo que te dije, no fue mi intención". Entonces ellos sabrán que nuestra disculpa es sincera y sonreirán, comenzando a charlar sobre temas sin importancia. Los amigos siempre buscarán la manera de animarte así estén peleados a muerte, y es que los amigos son tan necesarios como el oxígeno.

Algunos creen no tener amigos, pero están allí para nosotros, cuidando nuestra espalda cuando no miramos, agarrando nuestras manos cuando necesitamos valor, abrazando nuestros cuerpos temblorosos para tratar de frenar nuestro llanto, susurrando palabras de aliento cuando creemos todo está perdido. Y esos amigos no están solo una vez, lo están durante el resto de nuestras vidas, compartiendo nuestros triunfos y pasando por alto nuestros fracasos, haciéndonos entender que de las derrotas se aprende más que de las victorias.

Es por esto que entes primer día del año 2011 quiero hacerle un homenaje a los amigos...

A esos amigos que aguantan nuestros golpes, nuestros berrinches, nuestras burlas. Esos amigos que ríen y lloran con y por nosotros, amigos de Verdad.

Si alguna persona te dice que los amigos no existen porque la gente cambia o simplemente te salen con esa frase tan cliché de "nunca terminamos de conocer a las personas", no los escuches ya que no hay nada más hiriente para un amigo que ser pasado a llevar de esa manera.

Yo defiendo la amistad y no me da miedo ni pudor decir que amo a mis amigos tanto como a la vida misma, que daría mi vida por ellos y que hasta mi último aliento les pertenece a ellos, a esos héroes anónimos de nombres locos de nuestras vidas, que llegan a romper todos nuestros esquemas y a transformarnos en personas mejores y más felices.

Por eso hoy, para iniciar este año con el pie derecho quiero agradecerle a esos héroes míos, a esas personas que desinteresadamente me han apoyado y acompañado por el viaje de mi vida y esta, visitantes, es mi forma de agradecerlo.

¡Levantemos nuestras manos para decir "ese es mi compadre"! Que no nos de vergüenza abrazarlos o mimarlos, decirles un te quiero o un te amo ya que cuando no nos queda nada más ellos están allí, apoyándonos de nuevo, haciéndonos reír con sus locuras, invitándonos a vivir el día a día intensamente.

Y el que diga "esa chica está loca por pensar eso", trata de no dejarte llevar por esas palabras, reflexiona en lo que escrito y lo que he querido expresar con esto el día de hoy, el día de los amigos de este blog, el día de los amigos para todos.

¡Los amigos verdaderos merecen una condecoración o una fiesta cada día del año!

¡Cada día es el día de la amistad cuando tienes con quien compartirlo!

miércoles, 15 de abril de 2009

Decepción.- 2ª Parte

Me burlo y busco venganza hacia ti mientras te alejas con quien una vez me prometió estar siempre apoyándome… Junto a quien me prometió estar conmigo en las buenas y en las malas… Te veo marchar junto a quien, una vez, fue mi mejor amiga, y los detesto a ambos… Mi rencor ahora es más profundo que las palabras, que mis promesas y mi amistad y amor hacia ustedes.

Sin luz, mi vida una espiral sin fin, una parodia de lo que una vez en mi rostro fue una sonrisa afectiva, un sentimiento que va más allá que cualquier otra cosa… Deseosa de poder mostrarlo al mundo salgo de mi abismo, renovada, libre de cualquier pecado o delito, dejando que los otros continúen con su vida aburrida y estúpida mientras yo me regocijo con el sentimiento que me embarga, placentero…

Alejarlos de mi vida fue lo mejor que pudo pasarse por mi cabeza, delicioso el pensamiento que llega desde mi cerebro y se estanca en mi corazón, floreciendo bajo la lluvia… Nadie puede hacer que la lluvia cese en mí… Excepto yo, que victoriosa me levanto cada vez que los cuchillos en manos de gente amada por mi atraviesan mi corazón… Los buenos se van primero…

Aturdida, mis manos se mueven al son de la música. El vals de la batalla vencida, la canción de la guerra perdida junto al último latido de mi corazón, marchito, de mi mente cerrada y mis extremidades temblorosas… Nada queda dentro de mí ser, vacía mi existencia sin fin…

El yo profundo bajo la luz de la luna, el exterior bajo la luz del sol, abrasadora como la llama del fuego eterno, la vida se abre camino ante los salvajes y toda la tormenta se va, mientras que yo, recostada sobre la húmeda hierba respiro, calmadamente, olvidando las penas y sonriéndole a la nada… Olvidándome de ti y de mí.



† Miralys Valenthal †

jueves, 9 de abril de 2009

Decepción

Vuelvo mi cabeza al vacío, intentando apartar mis ojos del dolor que cala frío hasta lo más profundo de mi alma magullada, expuesta al dolor que no deseo sentir, pero que sé de una u otra manera llegará… Tarde o temprano.

Mi corazón, oculto tras una gruesa capa de ladrillos que me oprime, pero que es por mucho menos dolorosa que la vergüenza y la decepción, me aleja del mundo exterior, del resto de almas cálidas que aún creo existen y que algún día, si me esmero lo suficiente, llegarán a mi desde el otro lado de la tormenta, viniendo de lugares que no puedo imaginar pues mi mente es demasiado fantasiosa y si la dejo divagar demasiado podría arrepentirme de ello.

Me dan ganas de gritar, de alejar mi dolor a gruñidos y refunfuños, de olvidar, de dejarme caer pesadamente al pavimento y que por sobre mi cabeza pase la rueda de un camión todo terreno para no tener que pensar más en nada ni en nadie… Para no tener que pensar en el dolor de las heridas que tanto tiempo me tomó sanar y olvidar, aquellas heridas que aprendí a no mirar para no lastimarme en el proceso… Esas heridas de decepción que me gusta creer son parte de mi infinita imaginación debido a falta de sueño. Entonces recuerdo algo…

“Te amo…”, escucho en mi cabeza, dolorosamente recordando tu sonrisa. “Déjame hacerte feliz…”, y rompo en risotadas frenéticas que quieren escapar con ironía de mi, burlescas como dagas hacia tu corazón… Dirigidas a ti para hacerte saber que no te necesito, que sin ti estoy mejor, siendo sínica hacia ti, y por sobre todo a mi misma, escondiendo mis lágrimas secas… Mi corazón roto…

Me burlo y busco venganza hacia ti mientras te alejas con quien una vez me prometió estar siempre apoyándome… Junto a quien me prometió estar conmigo en las buenas y en las malas… Te veo marchar junto a quien, una vez, fue mi mejor amiga.