Quienes me inspiran a seguir

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viernes, 3 de mayo de 2013

Fragmentos



A veces considero que hay cosas que debemos mantener siempre ocultas de otros. Tal vez sea un poco hipócrita de mi parte el decirlo o el pensarlo, pero creo que a veces es lo mejor. Después de todo, ¿qué sucedería si aquellas cosas se revelaran? ¿Qué harías si no tuvieras la entereza de esconderlas? Porque en el fondo, aunque es una excusa barata, no deseo preocupar jamás de nuevo a otros. Porque en el fondo, aunque suene a hipocresía pura, tengo incluso temor de que algunas cosas sean reveladas…

Pero como una vez escuché: Mientras más secretos tengas, más poderoso será tu enemigo.

— ¿Qué estamos buscando?

Sonrío, acariciando suavemente los cabellos de la pequeña sombra que camina a mi lado. Tal vez me equivoqué en dejarlo venir conmigo, tal vez debí insistir en que me esperase afuera, pero este pequeño puede ser realmente insistente, lo acabo de descubrir.

—No lo sé —contesto sinceramente, agachándome junto a lo que alguna vez fue un hermoso jarrón—. Recuerdos, memorias, algo que rescatar. No estoy segura de lo que buscamos, pero seguramente sabré lo que es cuando lo vea.

— ¿Y si no lo encuentras?

—Significa que no está aquí.

Continuamos avanzando por infinidad de corredores, separando los escombros hacia los muros de granito pulido para despejar el suelo de mármol blanco. Y es increíble como este lugar pudo pasar de un palacio majestuoso a una pila de recuerdos destrozados. Porque apenas logro reconocer en estos escombros el lugar que un día me acogió cuando estuve perdida. Porque apenas puedo vernos recorrer estos pasajes como una sombra irreal lejana, tan distante como el infinito. Porque apenas puedo mantener las lágrimas aferradas a mi corazón. Y a medida que avanzamos, todo se vuelve incluso más caótico que antes. Podemos ver sombras completamente consumidas por la destrucción, encontramos centenares de cristales rotos que alguna vez protegieron un sinnúmero de cosas importantes, valiosas y maravillosas.

Me detengo cuando llegamos a la estancia principal, la única que parece no haber sufrido daño. Las puertas de doble hoja están cerradas a cal y canto, la madera apenas se nota ennegrecida en los sectores por los que el fuego trató de extenderse para entrar. El pequeño a mi lado acaricia la madera y todos los símbolos quemados que la cubren, pero puedo ver en sus gestos temblorosos que tiene miedo de tocarla seriamente y que todo se venga abajo. Tengo deseos de decirle que no se derrumbará, que es imposible que lo haga esta vez, pero callo. Guardo silencio y lo aparto suavemente de las puertas antes de plantarme frente a la madera, con las manos reposando en cada una de las hojas ennegrecidas. Y cerrando los ojos, las palabras salen de mis labios como si hubiesen pasado mil años desde la última vez que las pronuncié.

—Laurië lantar lassi súrinen, yeri únótimë ve rámar aldaron. Yeni ve lintë yuldar avánier mi oromardi lissë-miruvóreva…

Las puertas se abren sin resistencia, lentamente ante los ojos asombrados del pequeño. Bajo mis manos, dejándolas caer lánguidas a mis costados y espero hasta que las puertas están completamente abiertas. Entonces me seco la lágrima prófuga que se escapó sin querer y entro, escuchando el eco de los pasos de la pequeña sombra que camina pegada a mis talones.

Recorremos la estancia en silencio. Todo está tal y como lo vi la última vez que estuve aquí. Los altos e infinitos libreros continúan aferrados a las paredes, con sus millares de libros encuadernados reposando repletos de polvo por el paso de los años y del olvido. Los candelabros, las antorchas y las velas continúan encendidas con su fuego azul, iluminando la estancia con ese brillo decadente de un pasado emborronado por la tragedia, un pasado que una vez fue hermoso y diferente. En el centro de la estancia está la gran mesa, con sus veinte sillas alrededor, sillas de madera pulida y hermosamente brillante, pero cubiertas de polvo. Sé que si cierro los ojos, seré capaz de ver flotar en la estancia a esa hermosa mujer que un día mantuvo esta fortaleza como si de un palacio se tratase.

El pequeño aferra mi mano con las suyas, deteniendo mi paseo. Volteo a verlo con una sonrisa en el rostro, pero la felicidad no puede llegar a mis ojos. Y estoy segura que si pudiera ver los suyos, encontraría millones de interrogantes que no sabría cómo responder.

— ¿Qué significa lo que dijiste? —consulta con voz suave, tímida.

Acaricio sus cabellos, beso su frente y lo invito a sentarse en una de las sillas que están allí. Él se sienta y continúa observándome, mientras doy vueltas cerca de los libros y de las estanterías repletas de luces brillantes que parpadean, haciendo eco de centenares de voces que nadie puede oír y que probablemente jamás nadie podrá escuchar.

—Como el oro caen las hojas al viento, e innumerables como las alas de los árboles son los años. Los años han pasado como sorbos rápidos de dulce hidromiel en las altas salas —susurro, deteniéndome frente a uno de los estantes y abriendo el cristal con cuidado—. Es… una canción de familia, aunque no estoy segura que lo sea. De lo que sí estoy segura es que solo esa canción puede abrir las puertas que necesito abrir.

— ¿Y aquí encontrarás lo que buscas? —vuelve a preguntar, acercándose a mí para ver de cerca las luces que libero, las luces que comienzan a danzar a nuestro alrededor.

—Parece ser que no, que aquí no está lo que busco —sonrío, encogiéndome de hombros—. Pero no significa que esté todo perdido o que dejaré de buscar.

— ¿Y qué estás buscando? Tal vez puedo ayudarte a encontrarlo.

La sonrisa se borra de mis labios y le doy la espalda. Quisiera tanto decirte lo que busco, quisiera tanto poder compartir mi carga con alguien… Pero no debes saberlo. Porque tú tienes tu propia búsqueda, a pesar de que aún no te has dado cuenta. No tengo el corazón suficiente para decirte que, en realidad, estoy buscando las partes de mi alma que perdí…

Que estoy buscando los fragmentos de mi corazón que me fueron arrebatados sin piedad.

viernes, 8 de febrero de 2013

Pasado



No estoy segura de poder aceptar, un día, todos los errores que cometí. No estoy segura de poder mirarme a mí misma a los ojos a través de un espejo y ser capaz de reconocerme. Tampoco estoy segura de si podré un día mirarlo a los ojos y no sentir que soy un fraude total.

Porque nuestro pasado nos marca, causa heridas que dejan huella para siempre y uno, aunque trate de sellar las heridas con grandes cantidades de sal o trate de esconder las cicatrices con las prendas que porta, las heridas permanecerán allí. Y otros en un descuido podrán verlo y pensarán lo que tanto habías luchado por no ser. Pensarán que eres un estropicio, un despojo de lo que alguna vez fuiste y no confiarán, pues no se puede confiar en algo que pudo ser y no fue.

Creo que en el fondo, muy en el fondo de mi corazón y escondido en el lugar de lo que no quiero admitir, estoy agradecida que una venda cubra ahora los ojos de la pequeña sombra que he encontrado. Porque no soportaría que me viera. No podría soportar ver su mirada sobre mis heridas, sobre las cicatrices antiguas y de las que aún tratan de sanar. No podría soportar ver la decepción en sus ojos, aún a pesar de todo. Pero tampoco quiero mentirle, eso sería desleal de mi parte.

Alzo las manos en dirección a los pilares y las grandes piezas de estructura se cubren de un brillo verdoso. Se alzan en el aire y comienzo a moverlos, tratando de poder desbloquear el acceso a este lugar que una vez llamé hogar. Este lugar que una vez muchos llamaron hogar.

— ¿Qué estás haciendo?

Me sobresalto ante la pregunta, pierdo la concentración y los pilares caen de nuevo sobre la tierra, creando un ruido ensordecedor y un movimiento casi sísmico que me hace perder la estabilidad. Alzo la vista hacia el costado y veo a la pequeña sombra mirándome. Porque puedo sentir su mirada sobre mi cuerpo, aún a pesar de que tiene la venda sobre sus ojos. Y me avergüenzo de mí misma y de mi falta de capacidad.

—Estoy tratando de limpiar el estropicio —susurro, tratando de mantenerme firme y esbozando mi mejor sonrisa—. ¿Estabas mirando?

—Un poco —él pequeño en forma de sombra monocroma asiente, dubitativo—. No pensé que fueras tan poderosa —alaga, ayudándome a levantar. Y me sorprende la fuerza de su mano, que sin esfuerzo me ayuda aferrando la mía a mantener la estabilidad—. Eres muy fuerte.

—No lo soy, pequeño —acaricio sus cabellos, que lentamente han comenzado a pasar de ese tono monocromo a un brillante claroscuro en las puntas—. Estas son cosas que todos los de mi “especie” pueden hacer. No es la gran maravilla, pero es muy útil en momentos como estos.

— ¿Momentos como estos? ¿Te refieres a cuando hay que reparar algo que no tiene vuelta atrás?

—Todo tiene arreglo en esta vida, no lo dudes…

La pequeña sombra se retira unos pasos y se sienta en la distancia, mirando hacia mi dirección. Con un suspiro acomodo la túnica que protege mis hombros y vuelvo a la labor de levantar los pilares y los escombros que cubren la entrada de este lugar. Y estoy largo tiempo haciéndolo, esforzándome al máximo mientras él me mira a través de la venda que cubre su mirada. Y no estoy segura de si puede verme o si tan solo siente lo que estoy haciendo, pero sé que no es el momento para preocuparme por eso.

Cuando el sol comienza a esconderse ya he logrado abrir otra vez el acceso a la gran estructura. Agotada, me sujeto en uno de los pilares que he quitado de la entrada y con dedos temblorosos toco las inscripciones que han estado allí incluso desde antes de que todos tuviéramos plena consciencia de nuestra existencia. Y una lágrima prófuga rueda por mi mejilla cubierta de tierra y polvo, sin poder evitar que se me escape.

Cierro los ojos con fuerza y, justo cuando creo que voy a gritar, siento unos brazos pequeños rodeando mi cintura. La sombra me ha abrazado por la espalda, reposando su cabeza contra las heridas que no le he enseñado a nadie. Pero no duele. Su toque es casi sanador.

— ¿Tienes que entrar allí? —pregunta suavemente. Puedo vislumbrar una nota de pánico en su voz.

—Tengo que enfrentar algunas cosas, pequeño —asiento, acariciando sus manos que se aferran a mi abdomen con fuerza—. Tengo que entrar y ver si, en realidad, debo comenzar desde cero o si bien el daño no es tan horrible y devastador.

Él me suelta y volteo a verlo, arrodillándome frente a su pequeño cuerpo ensombrecido por las penumbras que se han fijado a él por los años de tortura y soledad, de auto martirio. Acaricio sus cabellos con cuidado, delicadamente, y le regalo otra sonrisa antes de besar su frente casi con devoción. Estoy segura que si él no estuviera, no sabría cómo continuar. Estoy segura que si él no estuviera, no podría encontrar la fuerza para mantenerme firme sobre mis pies.

— ¿Tienes que enfrentar cosas muy… tristes adentro? —logra preguntar, mirándome directamente a los ojos.

Puedo sentir su mirada sobre la mía, aún cuando esa tela se interpone en el contacto de nuestras miradas. Y le dedico una sonrisa, una grande y llena de cariño. Se preocupa por mí, no quiere que me lastimen allá adentro, siente miedo de volver a estar solo pero estoy segura que no podrá admitirlo aún en mucho tiempo más.

—No estoy segura de lo que debo enfrentar —admito, tratando de que el temor no me venza—. Pero sea lo que sea, lo enfrentaré como he enfrentado todo en esta vida. Con ánimo y fe, con esperanza y amor.
Él se queda mirando ahora fijamente el suelo, pensando. Veo como sus labios se comprimen en una fina línea y sonrío incluso más ampliamente. Tendré que enseñarle que a veces no es bueno pensar tanto las cosas.

— ¿Qué tienes que enfrentar allí adentro? —pregunta por fin, descolocándome. Y no estoy segura de que sea sensato decirlo, pero aún así contesto:

—El pasado, pequeño. Tengo que enfrentar el pasado…

sábado, 5 de enero de 2013

Sombra


Puedo verlo en la distancia, medio oculto entre la pila de escombros que una vez fueron un hermoso palacio. Y me pregunto qué es lo que sucedió para que este caos se aposentara en estos lugares que, alguna vez, fueron tan hermosos.

Porque en miles de sueños he estado en este lugar. Y la última vez que estuve aquí todo era calmo y pacífico. Bueno, eso fue antes de que todo sucediera y de que este mundo fuera parte de mi mundo.

Creo que he de remontarme a épocas pasadas en las cuales entregué cosas a seres equivocados. Seres de sombras y oscuridad. O tal vez no debo remontarme tan atrás, sino un poco más cerca, un par de décadas antes de que la desdicha arrasara los cultivos que con tanta dedicación una vez cuidamos.

Pero ahora la tromba marina se fue. Y ahora que regreso para poder armar todo en soledad una nueva sombra aparece. Pero no es una sombra como tal, no es oscura. Pero siente miedo y está perdida, así como también yo lo estuve muchas veces.

Cierro los ojos y tomo una profunda inspiración, llenándome de poder. Porque lo necesito. Y esa sombra perdida y taciturna también lo necesita. Así que tomo mis armas y las sujeto con ambas manos, más armas de las que puedo sujetar en realidad. Me calzo las botas de la fuerza, la armadura de la voluntad, la espada de la sabiduría, el martillo de la paciencia y la lanza de la precaución. Porque mujer precavida cuenta por dos. Abro los ojos de nuevo y comienzo a acercarme. La sombra tiembla al sentir mis pasos y se hace, si acaso, más pequeña en su oscuro rincón destrozado.

No, esta no es la forma, no es la manera. Detengo mis pasos y miro mis armas un segundo, dudosa. Jamás me he enfrentado a nada sin ellas y no estoy segura de ser capaz de poder hacer algo sin tenerlas. Entonces recuerdo que sí tengo un arma más, aunque no estoy segura de que realmente funcione. Siento miedo del resultado posible y tiemblo, pero al ver de nuevo a esa sombra me doy cuenta que mis miedos en realidad no significan nada comparado a sus miedos. Me quito las botas, dejo caer las armas al suelo y la armadura desaparece. Me siento desnuda en este momento...

La sombra alza la mirada, tímida y miserable en mi dirección. Y no estoy segura del porqué, pero sonrío. Sonrío como hace mucho tiempo no había sonreído y siento una felicidad que cae en lo absurdo. Con mis pies desnudos comienzo a avanzar, lentamente y sin prisas mientras la túnica que tanto miedo me da portar en público recae sobre mis hombros. Y me siento dichosa de poder volver a sentirme cómoda así.

A medida que avanzo, los prados retoman ese color verde esmeralda que antaño los caracterizó. A medida que mi corazón comienza a latir otra vez, me doy cuenta que solo faltaba que esa parte de mí regresara con más fuerza para poder ser capaz de avanzar hacia nuevas metas. Pero avanzar de verdad.

La sombra se vuelve más pequeña, esconde su rostro tímido y sucio entre sus manos sangrantes y tiembla. Una lágrima quiere escapar de mi mejilla, mi nuevo corazón palpitante duele como hace mucho tiempo no sentía tal dolor. Pero me contengo y aguanto. Los golpes de ese desamparo llegan hasta mí con fuerza, pero me mantengo firme hasta arrodillarme a unos pasos de su lugar. No alza la mirada y yo no me atrevo a acercar mi mano para regalarle una caricia conciliadora.

—Hola... —susurro, tratando de que mi voz no suene quebrada. Sin mis armas es un poco difícil, pero jamás nadie dijo que fuera imposible. Nada es imposible— ¿Estás perdido?

Se esconde más entre sus manos, trata de hacerse más pequeño, el charco de lágrimas bajo su cuerpo se acrecienta hasta que llega a mis rodillas, quemando como si se tratara de ácido. Aún así no pierdo la sonrisa, no debo perderla. Me acerco un poco más, gateando, quemando mis manos con esas lágrimas y la sombra se sobresalta, como si presintiera que es el momento de huir. Alzo mi mano con cuidado, lentamente, y la dejo sobre su hombro magullado, herido y sucio. La sombra grita como si mi suave contacto le doliera, aunque en realidad mi contacto no hace más que sanar sus heridas.

—Tranquilo, no voy a hacerte daño, ¿ves? —indico. La sombra me mira con sus ojos nublados por un velo que me destroza el corazón, pero me mantengo unida. Me necesita unida— Todo va a estar bien...

Su mirada me taladra con fuerza, como si fuese la manera de llegar a mi alma y poder leerla como las páginas de un libro abierto. Y no opongo resistencia, porque hacerlo sería obligarlo a dudar de mí. Y no quiero que nadie nunca más dude de mí porque yo ya no siento dudas sobre quien soy.

—¿Cómo...? —la palabra le sale gruesa, temblorosa, afilada también. Cierra la boca, como si no supiera qué decir y espero. Puedo esperar por su pregunta todo el tiempo que sea necesario— ¿Cómo sabes... que todo va a estar... bien?

La palabra "bien" sale de sus labios casi con dolor, como si no fuese capaz de creer que esa palabra tenga un significado real en este mundo o en cualquiera de los otros tantos mundos que existen. Y yo sonrío, me acerco un poco más y apreso el cuerpo de esa pequeña sombra entre mis brazos y contra mi pecho. Es tan pequeño, tan frágil que temo lastimarlo con mi abrazo. Y la sombra lanza un grito de terror, pero me dedico a acariciar sus claros cabellos mancillados por la suciedad para tranquilizarlo.

—No lo sé —digo simplemente. La sombra, que comenzaba a relajarse, se tensa entre mis brazos. Suelto, sin querer, una carcajada sin sentido—. No lo sé, pero... Lo siento. Siento en ese corazón que escuchas latir que todo va a estar bien.

Mis palabras lo asustan, lo sé, pero todos sentimos miedo. No es que quiera admitirlo, pero estoy aterrada incluso desde mucho antes de poder salir de mi propio lugar oscuro para regresar a construir este mundo. Pero el miedo no significa nada en comparación a lo que estoy sintiendo ahora. Porque este lugar, que una vez fue tan solitario... Este lugar, que una vez todos despreciaron fue encontrado por esta pequeña sombra que, sin querer, en su búsqueda de refugio, vino a parar aquí. Y este mundo está lleno de sombras que necesitan un refugio como una vez yo lo necesité. Por eso reconstruiré este lugar para este ser y el resto de las sombras que lo necesiten.

Y estoy segura que, muy pronto, este ser hermoso ya no será más una sombra. Lo sé.

viernes, 4 de enero de 2013

Notas de Papel [Miralys]

A veces no nos damos cuenta que suceden cosas curiosas a nuestro alrededor.

Sé que estás leyendo esto y sé que tu rostro siente el color llegar. Estás avergonzado por lo que hiciste y eso es bueno. Aunque no suene como "yo", está bien que te sientas así. Si no lo sintieras créeme que iría por ti hasta el fin del mundo, cortaría tus alas de un solo golpe de revés y te vería desangrar. Suena muy lindo, ¿no?

Y es curioso que sea precisamente yo quién lo diga. La misma persona que tantas veces estuvo allí, con su voto de paz y silencio a tu lado, junto a todos ustedes, hoy siendo consumida por el fuego que encendieron en nuestros hogares sin compasión alguna. Lo peor de todo es que aún me cuesta aceptarlo. Me cuesta imaginar la razón que los llevó a traicionarnos de esta manera.

La razón que te llevó a traicionarme de esta manera.

Te di un hogar. ¡Les di un hogar! ¡¿Acaso eso no fue suficiente?!

Arthur... Te equivocaste de persona. Pensaste que al ser como soy jamás podría ser capaz de siquiera pensar en algo que pudiera dañarte. Pero oh, uno aprende tanto cuando se encuentra traicionado por el ente por el cual tantas veces se ha sacrificado la vida y algo más. ¿Qué? ¿Pensaste que yo no podía odiar? ¿Pensaste que eras el único con ese derecho? Abre los ojos. Tú no eres ni la mitad de malo de lo que en realidad piensas.

No solo me traicionaste a mí. No solo traicionaste a mis hermanas, a mis compañeras de armas. Traicionaste nuestro lugar. Jugaste con los regalos que con tanto sacrificio conseguimos para ustedes, arrojaron las llaves de las puertas que les dimos para que abrieran, rieron en nuestro rostro sin vergüenza alguna. Sin dudar tomaron lo poco que habíamos podido reconstruir y lo destruyeron. Por eso no hablo solo por mí en esta nota. Hablo por mis hermanas también, porque ustedes deben saber que aunque ellas no digan una sola palabra sobre lo sucedido, en sus consciencias pesa aún el engaño de saberse utilizadas por seres como ustedes. Asquerosas ratas sucias e inmundas que no merecen ni una mirada...



El lápiz cayó de sus manos directamente al suelo, haciendo eco sobre las baldosas frías humedecidas por la lluvia que no dejaba de caer. Un grito desgarrador escapó de sus labios, ahogado y destrozado. Sombras corrían por las calles en su busca, tratando de encontrar un punto de inflexión entre las miles de murallas que ella había alzado, duras y resistentes, gruesas e indestructibles.

Necesitaba soledad.

Necesitaba escupir todo sobre una hoja de papel al igual que sus hermanas para no colapsar. Para no sentir que en realidad se estaba transformando en un despojo de sombra oscura sin retorno. Porque así se sentía ella en ese momento. E incluso peor. Llamarse a sí misma despojo era incluso más de lo que merecía. Era incluso más de lo que realmente era.

—¡Miralys! —escuchó la voz lejana de Aimé, la hermana mayor— ¡Cariño! ¡Lo resolveremos!

No. No había nada que resolver. Ya era tarde para ella. Su mundo había colapsado en el mismo momento en el cual había divisado en la distancia las nubes tormentosas de la traición y hacia abajo solo se extendía un corredor oscuro de escaleras de caracol por el que tarde o temprano debería dignarse a bajar. Por el que tarde o temprano tendría que perderse para volver a encontrarse.

—¡No se te ocurra! —chilló la voz alarmada de Siobhan, viéndola desde el campanario de una iglesia en la distancia.

Pero ya era tarde. La decisión había sido tomada y no había marcha atrás. Porque tal vez no podría regresar en el tiempo, pero sí podría tratar de comenzar desde cero, aprendiendo desde el otro lado de la moneda. Porque ya se había cansado de ser la mujer buena y amable que todos pedían y necesitaban. La habían empujado a un laberinto de sombras contra el cual no sentía deseos de luchar.

—¡Me necesitas! —el grito desesperado de Foehammer, mirándola con sus insondables ojos relucientes como el acero pulido casi destrozaron su corazón. Casi.

La armadura que cubría su cuerpo, ya oxidada por culpa de la lluvia y de las lágrimas se desprendió en láminas que crearon un chirrido espantoso al desprenderse y chocar pieza por pieza contra el suelo adoquinado de las calles grises que representaban esa amplia mente. Y ella alzó la vista al cielo, con sus ojos tan negros como noche sin luna ni estrellas. Decidida y desolada.

—No nos dejes... —susurró Edén, sintiendo como si se ahogara.

Miralys las miró durante un largo segundo a cada una, sonrió y, simplemente, se dejó caer.

lunes, 5 de noviembre de 2012

[Notas de Papel] Foehammer

Sucede algo muy curioso con esa cosa llamada "Amor".

Resulta que un buen día la persona que está a tu lado te quiere, te promete casi el universo entero. Sientes que eres tanto o más importante para él que el aire que necesita para respirar... Y de pronto, de manera inesperada, tú simplemente pasas a ser una sombra. E incluso menos que eso.

El amor que él te juraba, que prometía y gritaba a los cuatro vientos de pronto ha desaparecido incluso más rápido de lo que inició. Es tan inesperado. De pronto sientes que no vales nada, que el suelo ha desaparecido bajo tus pies, que el oxígeno nunca será suficiente para llenar tus aplastados pulmones. Los latidos de tu corazón comienzan a ser más lentos, cada movimiento es inmensamente dificultoso. No sientes nada más que dolor.

Te han arrebatado la manta que te protegía, han apagado el fuego que te mantenía caliente. Te han amarrado a una silla y han dejado la puerta del congelador abierta para que mueras así. Ahora sientes que todo está perdido. Era tu última oportunidad para confiar y creer que el amor era más que una vaga ilusión tonta e inmoral. La puerta se ha cerrado una vez más y ya no tienes fuerzas ni ánimos para intentar abrirla. Te has rendido.

Sin nada más que hacer te sientas y esperas. Primero lloras la pérdida pues te duele de verdad el haber sido desechada como si fueses un pañuelo lleno de mocos, tirada al fondo de un basurero, rodeada de pañales usados. Pero lentamente, aunque de manera notoria, comienzas a sentir más. Y más. Y más...

Primero se hace presente la culpa. Te sientes culpable por haber fallado, sientes que pudiste dar más y no lo hiciste. Miles de interrogantes hacen acto de presencia entonces: ¿Qué hiciste mal? ¿Porqué no te esforzaste más? ¿Porqué no te dedicaste a enamorarlo todos los días?

Aunque ese sentimiento no permanece por mucho tiempo contigo.  Al momento en que tratas de convencerte que nada de lo sucedido es tu culpa, que no hiciste nada mal, un nuevo sentimiento llega, poderoso y devastador como una avalancha que nadie -y mucho menos tú- vio venir.

Rabia.

Te has dado cuenta que el amor, aunque permanece allí, ya no es tan fuerte como antes. Su traición te ha lastimado de tal manera que ahora te encuentras en un punto de quiebre y verdad sin retorno.

Te empeñas en odiarlo, pero solo sientes rabia. Rabia hacia ti por ser tan débil y rabia contra él porque te ha transformado en el despojo irreconocible que eres ahora. Ni siquiera logras convencerte de que el odio llene el vacío y calme la destrucción que dejó a su paso su traición.

Y después de lo que parece una eternidad, logras sanarte. Solo que después de esa sanación "parche" ya no sientes nada. No sientes nada por él y ni siquiera sientes por ti misma.

Logras controlarte y pones tus sentimientos como naipes sobre la mesa, pero en solitario. Aún sientes miedo de confiar, aunque básicamente y según tú, no sientes nada.

Analizas tus sentimientos con cuidado, delicadamente, como si se tratara de un tesoro delicado y valioso. Básicamente lo es. Son tu tesoro y dudas en compartirlo. Pero te centras y piensas con cuidado, concienzudamente, como si fueras un filósofo. Te das cuenta que si él ya no te ama de la noche, no es tan terrible. Aún te tienes a ti. Magullada, con el orgullo y el amor propio heridos, moribundos... Pero te tienes y este no es el final.

Comienzas a sanar tus heridas, esta vez en profundidad y te lanzas al vacío. Entregas tu confianza y tu cariño a otros, sin perder de vista la desconfianza supuestamente ya sobrepasada, y todo vuelve a su cauce natural. Casi como si nada hubiese sucedido.

Ahora te sientes liberada, como si te hubieses quitado un enorme peso de la espalda y del corazón. Vuelves a enfrentarte a la puerta del amor, aterrada, pero teniendo en cuenta que si la abres, puede que encuentres un nuevo amanecer que ilumine el mundo oscuro que antes alguien dejó a su paso.

Es curioso. Lo recuerdas pero ya no te duele. Casi te es indiferente.

Gracias a eso tomas más valor y empujas la puerta, sin verdadero miedo de lo que pueda pasar. Le has superado.

Pero más importante... Te has superado a ti misma.



Sus ojos metálicos vieron por última vez el papel antes de arrojarlo a las llamas de la hoguera encendida que usaba para calentar el acero para las forjas. Se sentó en el yunque, apoyó ambas manos en la empuñadura del martillo y suspiró mientras el resto de su cuerpo se volvía metálico. Luego, casi mecánicamente, una de sus manos se dirigió a su cuello y acarició con dedos frios el relicario metálico que allí tenía. Lo arrancó de un tirón, la cadena cortándose contra la presión de su férreo cuello. Observó con sus ojos grises como la tormenta en su apogeo el grabado que allí había antes de arrojar con desprecio hacia las llamas aquella preciosa pieza de acero moldeado a mano.

—¿No te arrepentirás? —susurró una voz a sus espaldas, sin sorprenderla en realidad.

—Nunca me he arrepentido de ninguna decisión tomada antes y esta no será la primera vez que lo haga —contestó ella con voz firme antes de tomar el ramo de rosas metálicas y arrojarlas al fuego junto a un fajo de cartas—. ¿Cuándo saliste? —inquirió, volteando a ver a la mujer de cortos cabellos negros y ojos oscuros repletos de soledad.

—Hace un rato, aunque Siobhan tampoco debe tardar en decidirse —contestó la mujer, sonriendo—. Ya es hora de dejar la basura en su lugar.

—Amén por eso, Edén —sonrió Foehammer, chocando los cinco con su hermana antes de salir del lugar, dejando que las llamas lo consumieran.

lunes, 1 de octubre de 2012

Notas de Papel [Edén]

Tal vez me he equivocado
Tal vez mañana sea un gran día
Tal vez hoy pueda recordarte
Tal vez no me estoy esforzando lo suficiente
Tal vez encontraste a alguien que te ame de verdad
Tal vez nuestra unión haya sido solo cosa del destino
Tal vez nuestra separación haya sido cosa del odio y la violencia
Tal vez ayer, cuando te escuchaba reír, no le tomaba la suficiente importancia
Tal vez hoy tu sonrisa me parece incluso más bonita
Tal vez mañana, al darme cuenta que no estás a mi lado, te recuerde bien
Tal vez algún día dejaré de tener tanto miedo
Tal vez un día seré sincera y diré que siento miedo
Tal vez un día llegue a ser más precavida
Tal vez no me creeré nunca una sola de estas palabras
Tal vez algún día aprenderé a decir lo que siento de verdad
Tal vez te extraño demasiado, pero no sé como decirlo
Tal vez nunca dejará mi corazón de latir por ti
Tal vez... Nunca te devolví tu corazón...
Y tú nunca me devolviste el mío...


—Edén, regresa aquí en este minuto —susurró alguien a sus espaldas, desde las sombras.

Ella se volteó, su mirada echando chispas, los puños apretados y la garganta seca, señales claras de que si no la dejaban salir de allí por las buenas, buscaría la forma de hacerlo por las malas. Odiaba estar encerrada. Odiaba tener que soportar a personas insoportables. Odiaba tener que estar allí solo porque una niñita ingenua y cobarde no tenía el valor suficiente para enfrentarla.

—¿Es una orden? —susurró, su mirada clavada de pronto en el papel que le habían arrebatado, papel con la tinta aún fresca en su superficie.

—Es una sugerencia y un chantaje —susurró la voz sin cuerpo, el papel extendido frente al lugar donde debería estar su rostro—. No sabía que eras poeta.

—Vete a la mierda...

Volteó de nuevo en dirección a la puerta y salió airosa de la habitación sin que nadie se atreviera a detenerla. Nadie la detendría porque, al final de todo, ellas también estaban ansiosas por salir. Desgraciadamente ninguna era lo suficientemente rebelde para ir en contra de las órdenes del "superior".

Edén salió del bloque de celdas que la aprisionaban y vio, en la distancia, la montaña. Su casa, su vida, todo estaba en esa montaña. Y ella iba a recuperar lo que le había sido arrebatado, así tuviera que arriesgar su vida para conseguirlo. Porque un papel con sus sentimientos jamás expresados no era nada comparado a todo lo que tenía deseos de gritar al viento.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Notas de Papel [Milagros]


A mi querida mente escondida en la casita de campo de mi corazón:

Estoy un poco dudando en lo que pasa ahora. Creo que simplemente he llegado al punto de quiebre en el que ha dejado de importarme. Ahora solo quiero hundirme en la música que siempre me acompaña, sacar a través de mis dedos todo aquello que mi garganta quiere gritar, decir que las cosas ya no volverán a cambiar más. Que ahora, así como lo estoy dejando está bien, y que nada más importa.

A la persona que estoy lastimando, lo siento. A la persona que me lastimó sin quererlo, también lo siento. Cargaré con esto que siento no por querer parecer una mártir, sino más bien porque esto que está sucediendo es de mi completa responsabilidad. Yo lo causé, me guste o no me guste, de manera directa o indirecta. Yo hice que sucediera y acepto la responsabilidad de mis actos.

La quimera me ha gustado, debo decir. El sabor del sueño dejó su calidez dulce en mi paladar, como recuerdo amargo para los días posteriores que lleguen a este. Y podré regodearme en este recuerdo amargo y dulce, ácido y sincero de lo que pudo ser y no fue. Porque mi síndrome de "Corazón de Pollo" no quiso quedarse en su lugar de manera tranquila, tenía que llegar como siempre a agitarlo todo a su alrededor.

Quisiera poder decir que todo está bien ahora, pero decirlo sería mentir horrible y vilmente, mentir de manera descarada. No está bien pero tengo la esperanza que un día, más tarde que temprano estoy segura, mejorará. Hasta ese día simplemente...

Simplemente nada.

Solo espero que los milagros todavía tengan un espacio en su lista para mi.

lunes, 27 de agosto de 2012

[Notas de Papel] En Invierno Hace Frio


En este momento, las palabras son extrañas.
Es casi como si sobraran, pero no es del todo así.

La verdad es que te extraño...
Y te amo...
Y quiero gritarlo a todo pulmón...

Pero me duele la garganta porque ya he gritado demasiado.

La verdad es que...
Es frío y vacío estar aquí sin ti...

sábado, 18 de agosto de 2012

Notas de Papel III [Me Encanta]

Me encanta el olor del café.
Me encanta el sol.
Me encanta reír.
Me encanta tirarme en las fuentes.
Me encanta gritar.
Me encanta hacer el tonto.
Me encantan los rayos del sol que entran por las cortinas descorridas.
Me encanta ser feliz.
Me encanta sacar la lengua.
Me encanta fijarme en los pequeños detalles que nadie notaría.
Me encanta sacar fotografías.
Me encanta cantar-gritando cuando estoy sola en casa.
Me encanta el principio de la primavera.
Me encanta tirarme en el pasto en verano y notarlo calentito.
Me encanta quedarme mirando algo fijamente hasta que me escuezan los ojos.
Me encanta hablar y escuchar.
Me encanta escuchar música.
Me encanta cantar mientras miro por la ventana.
Me encantan las hojas de los árboles.
Me encanta cocinar.
Me encanta tocar las teles de plasma y que se hagan esas 'ondas de agua'.
Me encanta dormir. Dormir y soñar...
Me encanta la lluvia.
Me encantan los días de lluvia.
Me encantan las nubes.
Me encantan las películas de miedo.
Me encanta sonreír sin motivos.
Me encantan las habitaciones con mucha luz natural.
Me encantan los zombis.
Me encanta el fuego.
Me encanta el reflejo del sol y la luna en el agua.
Me encantan los bebés.
Me encantan los sábados en la noche.
Me encanta reírme de las cosas mas absurdas del mundo.
Me encanta quedarme mirando el sol unos segundos, luego cerrar los ojos y ver esos puntitos de colores.
Me encantan los gatos.
Me encanta contar historias de terror y que luego me digan que soy buena en eso.
Me encanta tener todas las cosas hechas en casa.
Me encantan mis amigos.
Me encanta que me digan cosas dulces... ¡Y me encanta decir cosas dulces!
Me encanta querer y sentirme querida.
Me encanta el amor.
Me encanta amarte.
Me encanta que esta lista me haga especial... O quizás igual a todos los demás.

¡Me encanta vivir!


Terminó de hacer el avioncito de papel con la hoja en la que acababa de escribir todo aquello, sonriendo. Miró el cielo que se teñía en anaranjado, rojo y púrpura y arrojó el avioncito por sobre el oleaje, que golpeaba contra las rocas del acantilado por el cual ella observaba el panorama, esperando mientras veía como el avioncito de papel se alejaba, que la lluvia ni el viento lo alejaran de su meta final. Después de todo... Ella quería que él supiera todo lo que sentía y esperaba haber sido un poquito más clara con esta nueva carta loca suya.

—Deberían meterme en un loquero —rió ella, observando como el avioncito se perdía sobre el oleaje, volando ayudado por la brisa marina. Tomó una gran bocanada de aire, hizo de amplificador con sus manos a los lados de su boca y, sin perder la sonrisa, gritó—. ¡Te amo!

Y luego se fue cantando y saltando, sin permitirse mirar atrás...

miércoles, 8 de agosto de 2012

Notas de Papel II [Siobhan]

Todos sufrimos por...
...Cuestiones de Amor

Ese Ansiado amparo que nunca llega. Ese método de auto-defensa que te hace impenetrable. Aquella muralla parecida a la de Berlín que separa tu alma del cuerpo. Todas aquellas instancias se desvanecen...

Sí. Porque estando a su lado tú eres otra. Te transformas en alguien que jamás has visto antes. Y eso te causa miedo. Tanto miedo que escapas hacia un rincón en donde crees tener todo controlado y, ridículamente, solo das a conocer otra faceta tuya, pues ella despierta tantas emociones como maquillaje tienes sobre tu mesita de noche.

Corres despavorida ahora que piensas en tus sentimientos. A pesar de todos esos años llevando a cuesta tanta sabiduría, jamás has estado tan cerca de rozar la línea. Lamentablemente, ya no puedes escapar. Te has enamorado como una estúpida. Sin darte cuenta has cruzado el camino izquierdo y has llegado a un callejón sin salida.

No sabes qué hacer, pues nunca habías estado perdida. Toda planificación se fue por el caño y no hay más que aire. No puedes caminar, no puedes ver, no puedes sentir. Solo puedes centrarte en ella.

¡Loca! Te sientes mentalmente enferma e incapacitada, y esa locura aumenta con cada gesto.

Lo sabes. Ella no te corresponde de la manera que tú deseas. Sin embargo, te da pequeñas señales, detalles que nadie más tiene contigo y eso te deja perpleja. Inadvertidamente, te da permiso para entrar, poco a poco. Y no muy convencida, tú le sigues la corriente, babosa, inútil, descerebrada.

El juego sigue. Tú sabes que estás experimentando con ácido, un líquido que se funde y deja huellas para toda la vida. No te importa. Ahora solo quiere abarcar más, y más, mucho más. Todo se hace poco. Las miradas, las sonrisas, los roces inocentes. Aquello ya no es suficiente. Ya no te importa apostar más de lo que tienes. No te importa invertir en una empresa sin lucro. Ella ganó. Ella te dominó. Sin saberlo, estás a sus pies. Ella en cambio lo sabe bien, y te utiliza como le place.

Hay un tiempo en el que te sientes conforme. Crees que no necesitas más de ella. Tienes su atención y su compañía. Dudas en seguir apostando, pues has ganado más de lo que creías. Y terminas perdiendo el interés. Ella se da cuenta y sin prisas vuelve a enganchar la cuerda a tu cuello. Firme, dura, domable. Y de pronto, deja de hacerte caso y comienza a soltarte, como si fuese ella quien está abandonándote.

Es gracioso, su plan resulta. Como si fueras paja seca te vuelves a encender y te sientes renovada, estúpidamente enamorada. Yo lo llamaría capricho, pero quién sería capaz de dudar en tu palabra. Después de todo, juras por tu madre que está en los cielos que la amas.

Ahora ya no ves un callejón sin salida, sino miles de caminos que están a tu merced. Lo que no sabes es que todos son falsos, ilusiones pasajeras que te harán chocar de lleno con una sólida pared. Pero qué más da. En estos momentos eres ciega, sorda y muda. Tus sentidos solo vuelven cuando ella se acerca, cuando te deja probar un poco más de ella.

Sientes su aroma, escuchas su voz, pruebas sus labios... Y no te basta con eso, pues pruebas cada mínimo rincón de su cuerpo. Excitada lo tomas, lo disfrutas, te haces de ella. Exploras en rincones olvidados y dejas que penetre en tu ser mientras la tocas como si quisieras desgarrar un pedazo de su piel, a la altura de su corazón, para alojarte entre sus músculos para siempre. Hasta ahí todo bien.

Ella lo hizo consciente, premeditadamente planeado. Eres la pieza principal de su juego de ajedrez, de eso no cabe duda. Te sientes más especial, más ciega. Además de no ver, tienes una capa sobre tu cabeza. Más estúpida.

Sigues experimentando sensaciones. A máxima velocidad doblas en las curvas y aprietas con fuerza el pedal que te llevará a la muerte súbita. El tiempo vuela. Piensas una vez más que todo está satisfecho, pero así como el tiempo, las verdades salen a la luz. Las vendas se caen y la muda, la ciega y la sorda se recuperan.

Te preguntas sobre la injusticia del mundo, reflexionas sobre el amor y el sufrimiento, te deprimes. Pasa un lapsus en el que estás perdida. Has desaprovechado tantas oportunidades por alguien que no valía la pena. Al menos eso dices ahora.

Mientes y odias, tratas de parchar la herida con una gran cantidad de sal, admites tu derrota y te avergüenzas. Te sientes idiota por caer en el encanto del enamoramiento y te repites que jamás volverá a suceder. Te curas, andas con más cuidado y caminas por los caminos reales con extraña paranoia. Ya no eres la misma, has cambiado, hay más murallas, más bloques que destruir para conocerte. Sin embargo, no son indestructibles. Y vuelves a caer.

El amor es así, te repites, y la persona a tu lado hace mayores esfuerzos por conquistarte. Al final lo logra, pero ya no es la misma experiencia que la vez anterior. Todo se vuelve complejo pues lo comparas con el pasado. Entras en cavilaciones y sales de ellas afirmándote de cualquier cosa.

Vuelves a sentir la seguridad y el amor correspondido, lo que se convierte en rutina. Haces un nuevo esfuerzo por no caer, por no resbalar en el camino y otra vez sientes que estás equivocada. Cierras los ojos, te obligas a ser muda y ciega. Sin embargo, vuelves a fracasar y te sientes frustrada, así que sigues desvariando entre lugares que no conoces.

Al final, cuando te das cuenta que ya no hay más camino que recorrer, sabes y estás consciente que todo lo que pasó en el trayecto sirvió para algo, que nada fue en vano y que, al final de cuentas, la vida es así.

Vacía o no, has llegado hasta allí. Sana o enferma, has evolucionado y aunque cueste aceptarlo, has crecido. Te has vuelto una mujer con ideales propios, que ha aprendido a amar sin diferencia de género. Has llegado a ser lo que querías. Has llegado a ser la mejor mujer del mundo...

Pues eres tú.


Dobló las hojas sin mucho cuidado al terminar de escribir antes de dejarlas sobre la mesa, junto a la taza de café y el cenicero rebosante de colillas de cigarrillos que la habían acompañado mientras esperaba que regresara, que la buscara, que apareciera frente a ella aunque solo fuera para mirarla, sonreír y llamarla "idiota". Una falsa ilusión que jamás se cumpliría, sabía en el fondo de su corazón. Pero diablos, la amaba con tanta locura que se sentía estúpida al no estar a su lado, mirándola jugar en su laboratorio, vistiendo esa hermosa capa blanca que se le veía tan...

Dio la media vuelta, ató su cabello en un nudo y salió de la casona, esperando que ella fuera la primera en leer su mensaje y esperando, también, que pudiera ser capaz de perdonarla por tenerla tan abandonada sin ella merecerlo. Pero la amaba, y era por eso que debía mantenerse lo más lejos posible de ella aunque fuera de momento.

Notas de Papel I [Aimé]

Hoy te he recordado
Y he recordado que te quiero
O que alguna vez te quise...

Y en ese recuerdo nos queríamos
Escondidos en sonrisa torpe e inmóvil
Era un poco más que "querer"...


Hoy he recordado
Que tus besos saben como miel
Y he recordado también...

Que te quiero incluso más que ayer...

Quisiera poder decir,
fuera de toda broma o poesía,
que no te quiero...

Y así, si acaso,
poder olvidarte aunque sea un poco, mi amor.

¡Oh, por favor, no dejen que se vaya sin haberlo amado a plenitud!
¡No me lo quiten, pues él trae oxígeno a mi vida!

Porque lo es todo para mí.
Porque sin él no soy nada más que una simple guardiana...

¡Oh, queridísimo Jex!
¡Cuanto anhelo tu compañía!

Por favor, no me permitas caer...
Por favor, no me permitas ser débil...
Por favor, no me permitas sucumbir a la pesadilla que es extrañarte...


Ella se levantó del césped, sintiendo los músculos entumecidos luego de pasar tantas horas en la misma posición y sacudiéndose las hojas de enredadera que se habían enganchado a su cuerpo, creciendo sobre ella mientras había estado tendida allí.

Mirando las estrellas con lágrimas en los ojos, decidió que no quería rendirse, que quería mantenerse firme pero... La fotografía en su bolsillo junto al anillo en su dedo anular pesaban más incluso que el bloque de concreto más pesado del mundo.

Quiso irse sin mirar atrás, tener la entereza para continuar lo que hacía como siempre, incluso desde antes de conocerlo. Pero había un problema, y era que ahora lo conocía. Y ahora que había probado un poco de él, ya nada era suficiente. Quería más, y más, y mucho más. Quería hacerse adicta a ella un poco más y obligarlo a quedarse a su lado, más sabía que sus caprichos eran demasiado egoístas para ser tomados en cuenta.

Con un suspiro dejó la espesura del bosque, retomando su labor de guardiana jardinera...