Quienes me inspiran a seguir

domingo, 30 de enero de 2011

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Retiro lo dicho!

Baci e si ha una buona notte



Uno siempre dice eso, cada día a la persona que uno ama...

Pero gracias a eso he pensado...

¿Jamás se han sentido terriblemente mal por el solo hecho de amar de manera tan desquiciada y descabellada que ya piensas te volviste loco?

Yo si... Y ahora paso por eso...

Me encantaría ser como esas personas que dice "el amor no sirve" o "es una farsa, una mentira". Desgraciadamente he aprendido que este amor es tan real como que no veo desde mi posición actual al monitor (unos treinta centímetros) sin necesitar mis anteojos.

Vaya... Quién lo hubiera pensado de mi...

"Patética", me dijeron hace unas horas antes de golpearme y humillarme como nadie jamás lo había hecho... ¿Saben lo que pensé? "Ojalá y esté bien y espero jamás me vea así". ¿Estúpido no?

Da igual...

Ahora, no desperdicien esa frase cuando terminen una cita con su novio (a), o con sus amigos, también sirve, lo importante es el valor de su significado, el valor de esta frase tan común pero dicha en otro idioma...

"Besos y que tengas buena noche..."

Frauen von Luxus

Hoy es un día... Solo uno de esos días en los que no sé si quiero algo con el mundo.

Disfruten esta maldición a las infieles y dejen coments sobre lo que piensan de esas mujeres que juegan con el corazón de los demás.

Sé que más de uno de ustedes ha sentido esto...


Frauen von Luxus: Mujer de Lujo










Te vistes de azul para opacar el cielo

Y consigues espejos para estar bien segura

Que eres bella

Y que hay que ofrecerte tributos de sol si regalas un beso.




Un narciso el instinto que domina tu esencia

Y es idiota el consumo de mi tiempo contigo

Sueños rotos

Los que me vas dejando en mi activo de vida.





De que me sirve tu cuerpo

Si lo administras con saldos de lo que quieres darme

De que me sirve tu boca

Si se te caen los besos y los recojo humillada




Mujer de lujo

Mujer florero

Mujer de risas olor y capricho con futuros de nada




Mujer de lujo

Mujer cortina

Adornara tu cabeza la sala de un tipo cazador de reliquias

Y te harás vieja sin sueños.





Trataré de encontrar en un vientre sencillo

El calor que el deshielo me apagó tantas veces

Y le daré de regalo

Lo que no tiene precio ni tendrá en el mercado




Te deseo la suerte la que no te mereces

La que no andas buscando la que nunca precisas

Mientras dure

Ese cuerpo perfecto que se gasta en el tiempo.




De que me sirven tus manos

Si están tan lejos de un roce como yo de tus sueños

De que me sirven tus ojos

Si les importa un carajo si me voy o aparezco.





Mujer de lujo

Mujer florero

Mujer de risas olor y capricho con futuros de nada




Mujer de lujo

Mujer cortina

Adornará tu cabeza la sala de un tipo cazador de reliquias




Y te harás vieja sin sueños

Sin amigos

Sin mí



Sin nada

jueves, 27 de enero de 2011

Si hubieramos vivido en estos tiempos... (Final)

Juro que este es el final!!! No me mates!!!







El sol se escondía suave. Lentamente entre las olas mientras aquellos muchachos que lo observaban sin pudor entrelazaban sus manos sin siquiera mirarse. Los cabellos largos de ella se mecían de un lado a otro con suavidad, acariciando su rostro y haciéndole cosquillas en las mejillas. El muchacho a veces dirigía una sutil mirada a su lado izquierdo para encontrarse con el perfil recortado por el sol de la muchacha, sus ojos fijamente mirando el atardecer, como si sus ojos trataran de absorber cada matiz que se presentaba ante ellos en ese mágico momento.

-¿Recuerdas como nos conocimos? –preguntó el muchacho de pronto, rompiendo el escaso silencio que creaban las olas antes de enmudecer, antes de morir en la orilla.

-Tú eres el de la mala memoria –sonrió ella sin mirarlo, incluso cerrando sus ojos y recostándose en la arena-. Pero sí, Philip, lo recuerdo…

-Estabas muy linda ese día –acotó él recostándose a su lado-. Y tú cabello… Era salvaje.

-¡Deja de hacer eso! –había logrado su cometido, la había hecho sonrojar.

-¿Hacer qué? –preguntó inocentemente, estrechando más fuerte esa mano que se aferraba a él como si la vida se le fuese en ello.

No hubo respuesta y por ello supo que su novia estaba demasiado avergonzada para decir nada sin tartamudear. Definitivamente no era el ogro gruñón que todos pensaban que era.

Katherine sintió un frio repentino y removiéndose en la arena comenzó a acercarse al muchacho, quedando así con su cabeza apoyada en el pecho de él. Podía escuchar su corazón y eso la relajó más mientras Philip le volvía a acariciar los cabellos de manera tan sutil que pensó primero era la brisa quien la acariciaba. Amaba las manos de él, eran mágicas y reconfortantes, era algo que no quería dejar ir jamás…

-Philip –llamó suavemente, mirando hacia la nada.

-Dime… -la voz del muchacho se hallaba adormilada, estaba cayendo en un sopor absoluto.

-Te amo –susurró abrazando más fuertemente el cuerpo de él.

Era lindo estar así, pensaban ambos.

Katherine sabía que cuando se separara de él la esperaban muchas cosas, demasiadas cosas malas siquiera para contarlas, sabía que debía hacer cosas que odiaba, cosas que eran solo para mantener la fachada pero no le interesaba. Al día siguiente despertaría y podría volver a sonreír como solo con él podía hacerlo, podía se ella, podía ser una chica normal.

-Yo también te amo –contestó Philip algo tardío, y es que sabía que ella no había querido decir eso.

Sabía que no era una mentira pero también tenía demasiado claro que estaba asustada y que ella no quería marchar a casa. Él la apoyaría siempre y le había planteado más de una vez el huir juntos, huir lejos los dos para alejarse de ese dolor pero ella simplemente le había dicho “aguantaré un poco más…” antes de besarle los labios amargamente.

Se levantaron momentos después en completo silencio, comprendiendo los sentimientos del otro y caminaron de la mano hasta la calle que los llevaría en diferentes direcciones, que los alejaría cruelmente otra vez sin siquiera poder evitarlo. Se detuvieron en la avenida y se miraron a los ojos, tratando de mantener ese momento congelado en el tiempo lo más que pudieran. Una bocina sonó y los desconcertó, haciéndolos sonreír.

Katherine acarició la mejilla de su novio con un amor sutil que no creyó poseer. Si estaban juntos ella no tenía que temerle a nada.

Philip, por su parte, acomodó sus manos en la estrecha cintura de su novia, tratando de atraerla más cerca de su cuerpo.

Ella le echó los brazos al cuello, él la abrazó más fuerte, se miraron a los ojos otro largo segundo y se besaron. Fue un beso suave, superficial pero cargado de un sentimiento que los hacía temblar de emoción y terror al mismo tiempo, siendo la emoción demasiado intensa para mantenerla a raya en sus acribillados corazones.
Se separaron rápidamente y se dieron la espalda, tratando de contener esa angustia, ese sentimiento de pérdida que lo dejaba desamparados.

Las despedidas siempre eran difíciles, por eso ellos preferían solo mirarse un último segundo antes de partir cada quien por su camino, eso siempre era lo mejor. Un “hasta mañana” no bastaba para decirse “soñaré que estoy a tu lado” o muchas más cosas que anhelaban decirse pero que ambos eran demasiado tímidos para decir. Así eran ellos, así se amaban y así vivirían para siempre.

miércoles, 26 de enero de 2011

Si hubieramos vivido en estos tiempos III...

Traté de apegarme a su comportamiento lo más que pude... Sorry si es un asco ¬¬







Le acaricié los sedosos cabellos suavemente, gentilmente, con todo el amor que podía evocar con ese simple contacto. Ella sonreía con los ojos cerrados, una expresión relajada en su rostro mientras su respiración acompasada y apenas si se notaba. Me sentía bien al tenerla entre mis brazos, me sentía completo, fuerte y seguro, me sentía casi como un dios todopoderoso de la mitología griega.

Se removió un poco en mis brazos para acomodar su cabeza algo más arriba de mi pecho, quedando casi apoyada en mi hombro mientras sus manos viajaban a mis brazos, sujetándolos fuertemente y sin dejar de sonreír. Me miró con esos ojos chocolate suyos, esos pozos demasiado irreales como para existir y me sentí bien, me sentí… Solo lo sentí.

No sé que he de parecer a sus ojos. Seguramente tengo una cara memorable, digna de la risa del hombre más serio del mundo pero definitivamente solo puedo poner cara de tonto cuando me mira. Volvió a cerrar sus ojos y noté sus mejillas sonrojadas gracias a la luz de la luna que se colaba por la ventana mientras sus hombros se relajaban otro poco, ahora dejando reposar todo el peso de su cuerpo ligero sobre mí. ¿Cuántas veces desee este momento? Definitivamente más de las que puedo recordar.

-Te amo… -me susurró, un susurro que apenas si hubiera alcanzado a oír de no ser por el silencio en la habitación.

Besé su frente antes de acariciar su rostro todo lo amorosamente que pude mientras ella se recargaba más contra mí, como tratando de hacernos uno mismo. Me gustó eso. La abracé con más fuerza mientras una solitaria lágrima corría por su mejilla sonrojada, una lágrima que me pesó en el alma.

-¿Katherine…? –pregunté usando su nombre.

-Nada amor, no es nada –trató de quitarle importancia haciendo una elegante floritura con su mano, limpiando la gota aperlada, la fugitiva que quería huir más allá de su rostro para perderse en su cuello.

Ella era así, jamás decía nada, jamás mostraba sus sentimientos… Entonces noté que no sabía nada de ella más que su nombre y lo profundamente que la amaba. Jamás le había preguntado nada y ella jamás había dicho nada de sí misma más de lo poco que soltaba con palabras entrecortadas cuando estaba triste. Claro, sabía pocas cosas como que estuvo con una chica que no la merecía, que le gustaba el color violeta y que entrenaba muchas cosas para mantenerse en forma.

Katherine en cambio sabía más de mí que yo mismo. Su intuición era buena, nunca fallaba, siempre daba en el clavo. Ocurría en ocasiones que estaba triste y ella sabía la razón cuando yo siquiera sabía porque estaba en esas condiciones. Cuando charlábamos siempre hablábamos de mí y de mis padres, de los pocos pero buenos amigos en el club de natación olímpico y de lo que quería hacer luego de la mayoría de edad pero… ¿Y ella? De ella no sé nada. Tan retraída y misteriosa como una rosa cubierta de espinas, como una hoja de papel en blanco.

-No es nada… -dije algo cansado. ¡Quería saber! ¡Anhelaba saber de ella!- Las personas siempre lloran por algo.

-Cállate, Philip –cortó rápidamente, hundiéndose más en mi pecho-. En serio no es nada.

-No, Katy –aflojé el agarre para voltearla y que me viera a la cara-. Ya no, quiero saber.

No sé si fue por la presión o porque aquella carga que llevaba sobre sus hombros era demasiado pesada como para cargarla sola pero rompió en llanto, un llanto desgarrador que me hizo sentir mal. Así era ella, así siempre sería y así la amaba. ¿Por qué me urgía tanto saber? Pues porque la amo.

Fue la primera vez que la vi llorar de esa manera, soltando esos sollozos tan desgarradores, hablando sobre cosas que no llegué a comprender pero a las que solo asentía. Mi Katy, mi chica fuerte y madura, mi joya se había quebrado y con justas razones. Le susurré que jamás iba a volver a estar sola, que cuando necesitara algo solo debía acudir a mí, que yo jamás la abandonaría como tantos otros lo habían hecho antes y ella… Ella simplemente se aferró más a mí, agradecida, como un cachorrito que busca a su madre porque está perdido.

Decidí entonces dejarla ser, ella me contaría todo cuando quisiera, Katherine sabía lo que hacía.

Ya más calmada me prometió que iba a confiar más en mi, que iba a tratar de ser menos retraída y que me iba a amar para siempre… Yo la amaré para siempre…