Quienes me inspiran a seguir
lunes, 3 de marzo de 2014
Fénix
Había recorrido aquel camino tempestuoso por demasiado tiempo. Sus alas rotas y sin plumas, totalmente calcinadas eran la prueba de todo lo que había tenido que pasar para llegar a ese momento, a esa instancia.
Bien podría haberlo abandonado todo, pero en su persistencia había continuado andando cuando sabía que era marginada a los ojos de los demás, pues los de su especie habían sido creados con alas para dominar el cielo. Y ella no pertenecía al cielo ya más.
Era marginada entre las aves al no poder volar. Era marginada entre las criaturas terrestres al no ser como ellos. Era diferente y eso la hacía especial. Era diferente y eso la hacía vulnerable. Era diferente y eso la hacía... insuperable.
El largo recorrido por fin llegaba a su fin. Su mirada satisfecha se posó en la lava ardiente y un amago de sonrisa se presentó en su rostro. Sentía que por fin su existencia había valido la pena. Sentía que el propósito de su vida estaba al fin completo. Sentía que todos los sacrificios, las miradas, la soledad... Todo al fin cobraba sentido. Todo valía la pena en ese momento.
Miró hacia atrás, hacia lo que estaba abandonando. Los páramos, los bosques, los desiertos, los pantanos, los océanos, los montes y las montañas nevadas. Todo lo que había visto, todo lo que había recorrido. Los animales, las aves, el fuego, la tormenta, los truenos y las ventiscas. Todo aquello a lo cual había tenido que enfrentarse. Al ver todo el panorama un velo de nostalgia se integró a su mirada-. No estaba segura de extrañar todo lo que dejaba atrás, pero sin duda que iba a extrañar la inseguridad junto a la adrenalina de la aventura.
Volteó otra vez para fijar su vista al fondo del volcán. La lava saltaba y burbujeaba, más ardiente de lo que ella pudiera imaginar.
Cerró los ojos, lágrimas saliendo de ellos. Una sonrisa satisfecha. Un pensamiento de felicidad.
Saltó.
En la distancia las aves gritaron, los animales terrestres aullaron y los árboles lloraron.
La caída fue sólo un segundo. El viento ardiente golpeando su rostro, quemando las pocas plumas que quedaban en su cuerpo hasta que colapsó contra el océano flamígero.
El calor era abrazador, casi insoportable. Sus ojos se consumieron de inmediato, sintió cómo cada parte de su ser, cada pluma, cada músculo y tendón dentro de sí era consumido por el calor, por las llamas, por el final. Y una sensación de paz abrumadora se instaló en su corazón cuando cada latido se apagaba hasta alcanzar las últimas notas de lo que era su ansiado final. El final de sus penas, de sus miedos, del temor a lo desconocido. El temor a lo que quería ser pero jamás se atrevió. El temor al rechazo desapareciendo junto a su cuerpo también.
Entonces, de pronto, un nuevo latido. Y otro, y uno más. Cada vez más fuerte, más poderoso.
Sus ojos se abrieron bajo el fuego y pudo ver que la lava a su alrededor resplandecía con chispas de todos los colores que había visto durante su viaje. Sintió fuerza y vitalidad en su cuerpo, y cuando observó sus alas las notó bellas y resplandecientes contra el fuego, que creaba algo nuevo en ella desde su sacrificio, desde lo que ella abandonaba para transformarse en un ser mejor.
Movió sus alas, las agitó, danzó entre el fuego.
Y voló.
Salió del volcán con un magnífico giro, lanzando un grito de felicidad mientras mostraba su nueva forma al mundo que la había rechazado. Sus plumas se agitaron contra el aire caliente, lanzando destellos de fuego a cada batir de alas. Sobrevoló la boca del volcán y con determinación volvió a lanzarse al fuego, emergiendo minutos después envuelta en el calor de la renovación.
Por eso, con una nueva determinación, voló hacia la noche. Porque ella había vencido, lo había conseguido.
Ella era el fénix. Y ahora era invencible.
lunes, 10 de febrero de 2014
Absurda
A cada paso que daba, sentía que su corazón se hundía de pesar. Y lo más idiota, lo más irreverente, era que ella misma se lo había buscado. Ella había dado el paso en retroceso, ella había comenzado y terminado con el adiós. ¿Por qué simplemente no podía decir la verdad?
Negó con la cabeza, secando las lágrimas que corrían por sus mejillas. Por un momento estúpido Kamil pensó que él la seguiría. Por un momento de absurda ilusión pensó, imaginó que él la tomaría del brazo y le diría que todo estaba bien, que era libre de llorar. Que la abrazaría incluso contra sus pataletas, contra sus gritos y contra la máscara de hielo que siempre mostraba ante todos. Porque él siempre era capaz de destrozar la imagen que proyectaba hacia el mundo, siempre era capaz de deshacer todo lo que ella con esmero había construído a su alrededor, apartando la soledad y el dolor a los cuales estaba tan acostumbrada.
Y lo peor de todo era que la rabia, el odio que sentía... ni siquiera eran contra él. Eran siempre contra sí misma. Era rabia por no poder desmoronarse sin temor a lo que pensara, sin temor a que él sintiera que era inútil a su lado. Y lo odiaba. Odiaba causarle esa inseguridad, esa inestabilidad.
Se odiaba por no poder entregarle jamás nada bueno. Nada de valor. Nada más que una promesa de amor incondicional, aunque doliera... Aunque su amor se enterrara e hiriera como espinas de sentimientos absurdamente encontrados dentro de su corazón.
Subió en el automóvil, sin siquiera mirar al conductor del mismo. No necesitaba mirarlo para saber la preocupación que enmarcaba su rostro. El recorrido transcurrió por largos minutos en completo silencio, con conductor y pasajero atentos en el camino.
—Señorita.
Kamil volteó la mirada al hombre, sus lágrimas brillando en la oscuridad. Él continuaba atento al camino, esquivando el resto de los vehículos que pasaban por la autopista.
—No sé lo que le aqueja —continuó él—, pero no debería llorar de esa manera. Y sé que no soy nadie para decirlo, pero puedo ver en su rostro que las decisiones que ha tomado, la han herido... mucho. No se deje abatir por el dolor, no deje que la venza. Seguramente es una muchacha muy fuerte. Si enfrenta sus temores con fortaleza y decisión, seguramente todo se arreglará.
El hombre sonrió, mirándola al detenerse frente a una luz roja.
Y Kamil se desarmó, llorando de manera descontrolada.
domingo, 2 de febrero de 2014
Carta al Mundo
¿Se han dado cuenta lo que se siente cuando descubres que algo no sólo fue un error, sino que... fue una traición? Así, sin necesitar pruebas ni confesiones, porque dentro de ti lo sientes como lo que en verdad es, como una traición pura y dura.
Bueno, así me siento yo.
A veces trato de luchar contra mi cabeza, pero ¿saben?, en realidad es muy difícil. Porque cada vez que me miro al espejo, me odio. Porque cuando recuerdo palabras de algunas personas, siento que nada vale la pena. Porque creí en personas que solo se estuvieron riendo de mí todo el maldito tiempo, y eso no es justo. ¡No es justo, maldición! ¿Qué les hice yo? Estuve siempre allí, con mis estúpidas palabras de aliento, con mi estúpido buen corazón, con mi estúpida sumisa forma de ser. ¿Qué les importó? Solo les gustó jugar con mi confianza, con mi dolor, con mis imperfecciones, burlándose de mí todo el maldito tiempo.
¿Y qué si no tengo nada bueno que entregar? ¿Y qué si siempre estoy deprimida? ¿Eso les da derecho de hacerme tanto daño? Y lo peor no es eso, lo peor es que ellos son las víctimas siempre. Porque yo fui la mala, porque yo fui la que le "rompió el corazón" a uno y quien no "aconsejó" de buena manera a otro. ¿Y dónde queda lo que yo soy, lo que yo siento? ¿Dónde queda lo destrozada y absurda que me siento?
En este momento... sé que soy realmente patética. Y no quiero que me digan lo contrario, porque es algo que sé y que asumí. Soy una idiota torpe y patética que no puede siquiera cargar con el propio reflejo que le devuelve el espejo cada mañana. Porque estoy harta de sentirme así, pero no sé cómo dejar de sentirlo de esta manera.
¿Alguna vez se han reído de ustedes? Cuando eres imperfecto, y vulnerable, y te odias. ¿Alguna vez les han dicho que los aman mientras miran modelos mejores, más bonitos, haciéndote sentir afortunada por las migajas que consigues?
A mí sí.
Me dijeron que me amaban muchas veces, y aunque ahora estoy con una persona que me ayudaría a conseguir el mundo que yo no puedo alcanzar porque soy demasiado débil y cobarde, las traiciones y los errores aún me duelen. Me duelen porque yo confié, puse mi vida en un par de manos por completo durante cuatro años, relegándome hasta el final siempre, aceptando un porcentaje de compasión que pensé me correspondía. Y ahora veo la luz, pero... ¿por qué no puedo dejar de sentirme destrozada y herida?
Porque confié, estúpidamente confié. Di mi voluntad a cambio de gritos, de dolor, de horas y horas interminables de llanto que no puedo olvidar, de lágrimas que no puedo secar, de pesadillas que no sé cómo espantar.
¿Existe alguien allá afuera que se sienta como yo? ¿O soy la única loca esquizofrénica que se siente así? Pidiendo perdón a quienes sufren esquizofrenia, yo sé que no son tan como yo.
Porque soy patética. Porque me siento pequeña, vulnerable y patética. Porque no puedo con esto sola pero no tengo el valor de pedir que alguien me ayude, porque soy demasiado orgullosa como para permitir que las personas que amo me vean así de destrozada y herida.
Hay cosas que he podido superar, pero me ha costado tanto, tanto, que ya no me siento capaz de salir de este estado una vez más. Siento que me estoy perdiendo a mí misma otra vez y necesito que el mundo me muestre lo que en verdad soy. Pero estoy aterrada de eso. ¿Y si aquello que me muestran es demasiado como para soportar? ¿Y si no estoy preparada para enfrentar la verdad?
No soy una mujer perfecta, en realidad sé, estoy consciente que soy el colmo de la imperfección. No soy una chica atractiva, ni inteligente, ni mucho menos tengo algo que me haga especial. No soy buena hablando, no soy buena mostrándome al mundo tal y como soy porque estoy jodidamente asustada de lo que las personas piensen. Porque por mucho tiempo mi vida estuvo regida por el "qué dirán", relegando lo que yo no soy y lo que yo no sé a último plano, desviviéndome por quienes quiero, por quienes habían llegado como caballeros oscuros para decirme que si el mundo era una mierda, que yo fuera el doble de mierda con el mundo.
Pero ¿cómo hacer eso cuando no te nace, cuando no lo sientes?
¿Y cómo perdonar la crueldad de lo que he visto, de lo que he leído, de lo que me han hecho, directa o indirectamente?
A principios de este año me dije que todo sería diferente, que no volvería a caer en la depresión, que todo iba a salir bien de ahora en adelante. Pero ya no siento esa convicción y ya no tengo el coraje para dejar de hacer todo lo que hacía para no sentirme más de esta manera.
Me siento como un monstruo, como una abominación, como una aberración que no debería de existir. Porque me he mirado al espejo y no he encontrado, para variar, nada que me guste. Porque he mirado mis muñecas y he tenido el impulso idiota de volver a lo que hacía siempre. Porque me he inclinado sobre el lavamanos del baño y lo he sacado todo como dije que no lo haría. Y al no parecerme suficiente estoy siendo tan patética para escribirlo aquí, en mi santuario, aquel que dije jamás mancillaría.
Me siento tan idiota que solo quiero que el mundo venga y me rescate. Que me cubra o que me mate, pero que me arranque este dolor que no debería existir.
Siento rabia, siento odio, siento dolor. Y lo peor de todo es que no es contra quienes puedan merecerlo, es todo, absolutamente todo contra mí.
Y lo detesto...
Bueno, así me siento yo.
A veces trato de luchar contra mi cabeza, pero ¿saben?, en realidad es muy difícil. Porque cada vez que me miro al espejo, me odio. Porque cuando recuerdo palabras de algunas personas, siento que nada vale la pena. Porque creí en personas que solo se estuvieron riendo de mí todo el maldito tiempo, y eso no es justo. ¡No es justo, maldición! ¿Qué les hice yo? Estuve siempre allí, con mis estúpidas palabras de aliento, con mi estúpido buen corazón, con mi estúpida sumisa forma de ser. ¿Qué les importó? Solo les gustó jugar con mi confianza, con mi dolor, con mis imperfecciones, burlándose de mí todo el maldito tiempo.
¿Y qué si no tengo nada bueno que entregar? ¿Y qué si siempre estoy deprimida? ¿Eso les da derecho de hacerme tanto daño? Y lo peor no es eso, lo peor es que ellos son las víctimas siempre. Porque yo fui la mala, porque yo fui la que le "rompió el corazón" a uno y quien no "aconsejó" de buena manera a otro. ¿Y dónde queda lo que yo soy, lo que yo siento? ¿Dónde queda lo destrozada y absurda que me siento?
En este momento... sé que soy realmente patética. Y no quiero que me digan lo contrario, porque es algo que sé y que asumí. Soy una idiota torpe y patética que no puede siquiera cargar con el propio reflejo que le devuelve el espejo cada mañana. Porque estoy harta de sentirme así, pero no sé cómo dejar de sentirlo de esta manera.
¿Alguna vez se han reído de ustedes? Cuando eres imperfecto, y vulnerable, y te odias. ¿Alguna vez les han dicho que los aman mientras miran modelos mejores, más bonitos, haciéndote sentir afortunada por las migajas que consigues?
A mí sí.
Me dijeron que me amaban muchas veces, y aunque ahora estoy con una persona que me ayudaría a conseguir el mundo que yo no puedo alcanzar porque soy demasiado débil y cobarde, las traiciones y los errores aún me duelen. Me duelen porque yo confié, puse mi vida en un par de manos por completo durante cuatro años, relegándome hasta el final siempre, aceptando un porcentaje de compasión que pensé me correspondía. Y ahora veo la luz, pero... ¿por qué no puedo dejar de sentirme destrozada y herida?
Porque confié, estúpidamente confié. Di mi voluntad a cambio de gritos, de dolor, de horas y horas interminables de llanto que no puedo olvidar, de lágrimas que no puedo secar, de pesadillas que no sé cómo espantar.
¿Existe alguien allá afuera que se sienta como yo? ¿O soy la única loca esquizofrénica que se siente así? Pidiendo perdón a quienes sufren esquizofrenia, yo sé que no son tan como yo.
Porque soy patética. Porque me siento pequeña, vulnerable y patética. Porque no puedo con esto sola pero no tengo el valor de pedir que alguien me ayude, porque soy demasiado orgullosa como para permitir que las personas que amo me vean así de destrozada y herida.
Hay cosas que he podido superar, pero me ha costado tanto, tanto, que ya no me siento capaz de salir de este estado una vez más. Siento que me estoy perdiendo a mí misma otra vez y necesito que el mundo me muestre lo que en verdad soy. Pero estoy aterrada de eso. ¿Y si aquello que me muestran es demasiado como para soportar? ¿Y si no estoy preparada para enfrentar la verdad?
No soy una mujer perfecta, en realidad sé, estoy consciente que soy el colmo de la imperfección. No soy una chica atractiva, ni inteligente, ni mucho menos tengo algo que me haga especial. No soy buena hablando, no soy buena mostrándome al mundo tal y como soy porque estoy jodidamente asustada de lo que las personas piensen. Porque por mucho tiempo mi vida estuvo regida por el "qué dirán", relegando lo que yo no soy y lo que yo no sé a último plano, desviviéndome por quienes quiero, por quienes habían llegado como caballeros oscuros para decirme que si el mundo era una mierda, que yo fuera el doble de mierda con el mundo.
Pero ¿cómo hacer eso cuando no te nace, cuando no lo sientes?
¿Y cómo perdonar la crueldad de lo que he visto, de lo que he leído, de lo que me han hecho, directa o indirectamente?
A principios de este año me dije que todo sería diferente, que no volvería a caer en la depresión, que todo iba a salir bien de ahora en adelante. Pero ya no siento esa convicción y ya no tengo el coraje para dejar de hacer todo lo que hacía para no sentirme más de esta manera.
Me siento como un monstruo, como una abominación, como una aberración que no debería de existir. Porque me he mirado al espejo y no he encontrado, para variar, nada que me guste. Porque he mirado mis muñecas y he tenido el impulso idiota de volver a lo que hacía siempre. Porque me he inclinado sobre el lavamanos del baño y lo he sacado todo como dije que no lo haría. Y al no parecerme suficiente estoy siendo tan patética para escribirlo aquí, en mi santuario, aquel que dije jamás mancillaría.
Me siento tan idiota que solo quiero que el mundo venga y me rescate. Que me cubra o que me mate, pero que me arranque este dolor que no debería existir.
Siento rabia, siento odio, siento dolor. Y lo peor de todo es que no es contra quienes puedan merecerlo, es todo, absolutamente todo contra mí.
Y lo detesto...
Cristal.-
miércoles, 1 de enero de 2014
Propósito
A veces, cuando cierro los ojos, pienso en cosas que a nadie más le interesan, cosas que no entiendo y que no sé cómo debo expresar para no sentirme como una tonta.
Muchas personas cercanas a mí hablaban de sus propósitos para este año. Yo... no tengo muchos, pero el no hablar de ello no significas que no los tenga. Tengo, son importantes, y personales. Y ahora, quizá porque es el primer día del año, quiero compartirlos con todos los que leen y con todos los que para mí son importantes. Quiero compartirlos con todas las personas que amo.
Para este año, quiero estudiar. No sé si lo conseguiré. A pesar de todo el esfuerzo que he puesto en ello, no tengo la confianza como para decir "lo hice bien, sé que lo conseguiré". Pero quiero hacerlo. Quiero estudiar la carrera que me gusta y vivir haciendo aquello que elegí para mi futuro. Hacerlo de corazón. Levantarme todas las mañanas y decir "el esfuerzo y el sacrificio valieron la pena, estoy feliz haciendo cada día lo que escogí". Pero no tengo la confianza para pensar de esa manera. Aún así, lo espero.
Quiero publicar mi novela. No me importa si es un completo fracaso. No importa si a nadie le gusta. No importa si en realidad no me hago "conocida". No espero ser famosa por publicar una novela, tampoco es la razón que me llevó a escribir de manera "profesional". Solo quiero publicarla, es mi sueño. Y todos queremos que nuestros sueños se haga realidad, incluso cuando hay tantas personas que quieren cortarnos las alas.
Quiero mantener a las personas que amo a mi lado. Y sé que suena como un propósito muy extraño, pero quiero hacerlo. Porque esas personas que llegan a nosotros, siempre lo hacen por algo, y es un error absoluto el dejarlas ir porque consideras que es lo mejor para la otra persona. Uno no puede saber qué es lo mejor para la otra persona, pero sí sabes lo que es mejor para ti. Sé que suena muy egoísta, pero alguien me enseñó que no es bueno hacer cosas que no queremos hacer, solo para que los demás se sientan felices. Porque entonces sacrificas tu felicidad y, al final de cuentas y como mencioné anteriormente, no sabes lo que puede ser mejor para la otra persona.
Y eso, no tengo más propósitos para este año. Por otro lado, sí tengo muchas experiencias nuevas que compartir, y espero ansiosa las aventuras que me deparan los siguientes y restantes 364 días a contar de hoy y en adelante.
Debo decir que el año pasado (suena tan lejano si lo digo de esa manera), fue un año muy... raro. Sí, creo que esa es la palabra correcta por el momento. Fue un año de muchos bajos y algunos altos, pero creo que si reminizo todo eso en este momento, siento que todo lo que sucedió en realidad valió la pena. Siento que si miro desde este momento hacia atrás, soy capaz de darme cuenta de todo lo que aprendí y absorbí.
No conocí a muchas personas el año pasado, la verdad, pero las pocas que conocí me hicieron bien. He aprendido de ellos y quiero que estos nuevos lazos se mantengan para el futuro. Que se afiancen y se hagan más y más fuertes a medida que el tiempo transcurre.
Las personas que conozco desde años anteriores, en su mayoría, se han mantenido a mi lado. Algunos se han marchado, y a pesar de que ha sido duro, ahora puedo ver que fue lo mejor. Hay veces en las cuales algunas personas solo transcurren por nuestros días, paseando sigilosamente o dejando torbellinos de emociones, solo para marcharse luego. No es malo, solo un tanto caótico y quizá, doloroso al final. Pero es bueno, porque son experiencias que nos ayudan a madurar.
Me reencontré con personas. Y han sido momentos maravillosos. Esas personas me han ayudado a verme mejor a mí misma, me han enseñado más y más cosas, y me han hecho muy feliz desde que están otra vez conmigo. Evocar los antiguos recuerdos, si bien es nostálgico y a veces muy triste, me ayuda a ver las cosas en perspectiva. Es como cambiar de ángulo. Como si mis pies ya no estuvieran anclados al suelo, sino más bien a una nube, y en este momento me encuentro colgando de cabeza mirando al suelo, sintiendo vértigo, pero disfrutando de la adrenalina del momento.
Si debo sacar una conclusión, puedo decir con una sonrisa que fue, a pesar de todo, un buen año aquel que dejo atrás. Un editor tuvo la confianza suficiente en mí como para detenerse a leer mi trabajo y decir "oye, esto funcionará". Tengo un trabajo que tal vez no sea el mejor del mundo, pero allí hay personas que he aprendido a querer y a reconocer más que como amigos, sino más bien como iguales. Afiancé los lazos con mi familia, cosa que me hace muy feliz. Tengo un hermanito menor al que amo y estoy como loca por tomarlo entre mis brazos por fin. Tengo muy buenos amigos que me quieren y me apoyan siempre que lo necesito, y con los cuales puedo sonreír sin sentirme culpable de nada. Siento que puedo ser yo misma a intervalos, y la depresión comienza a quedar atrás.
Creo que no puedo pedir, por lo menos hasta aquí, nada mejor que esto que describo. Pero sí, hay cosas mejores, hay personas mejores, hay momentos mejores.
Y ahora debo señalar que omití, al principio de este update, uno de mis propósitos de este año. Y no, no es leer más, ese ni siquiera debería contarse. Y no, tampoco es escribir más, ese tampoco se cuenta.
Mi propósito más importante es, por fin, ser feliz. Dejar de deprimirme y dejarme vencer por tonterías, dejar de esconderme debajo de la cama cuando tengo miedo de enfrentar lo desconocido, dejar de llorar escondida en la oscuridad cuando quiero hacerlo.
Este año no habrá más cortes para mí, ni más asquerosa regurgitación de comida (sí, que asco eso). Este año voy a vivir como no he vivido en mucho tiempo. Porque en este momento, me siento viva. Me siento fuerte, siento que puedo hacer cosas. Siento que puedo decirle a la vida que golpea como niña y no temblar ante la espera del siguiente golpe.
Será lo que tenga que ser (y sí, ¡por fin me entró en la cabeza, Leiv!).
No me siento segura, ni mucho menos, pero sé que si lo necesito, para mí existirá una mano y un abrazo incondicional. Ahora lo sé, ahora lo veo.
Quizá ahora todo cambie en este Blog, o quizá todo siga siendo igual que siempre. No lo sé, no puedo asegurar nada. Los propósitos no son cosas seguras en la vida, sino que son solo pretenciones y metas que queremos alcanzar, cosas que imaginamos como si no hubiera un mañana. Porque como bien dice mi amigo Pablo: "el pasado ya fue, el mañana todavía no llega". Y bueno, hay que disfrutar el momento. Y si hoy no alcanzas tus metas, aún puedes intentarlo luego, a tu propio ritmo, marcando tu propio paso y escuchando la propia música de tu corazón.
Solo espero que todo marche bien de ahora en adelante, lo espero de corazón. Y no solo para mí, sino también para las personas a quienes he decidido darles un gran e importante espacio en mi corazón. Porque no tengo miedo de ser lastimada ahora, porque no tengo miedo de fracasar. Porque siempre habrá un mañana para poder intentarlo. Y pueden llamarme optimista, ilusa incluso, pero es lo que pienso y siento ahora. Y pensar y sentir de esta manera es... no sé, ¿genial? No encuentro una palabra mejor que esa.
Espero que este año esté lleno de bendiciones para todas las personas que me siguen y que me leen. Espero que todas sus metas se cumplan, que logren cumplirlas. Espero que aquellos que comenzaron sintiéndose solitarios ya no se sientan más y que aquellos que comenzaron sintiéndose nostálgicos encuentren una razón para sonreír y continuar. Porque siempre se pueden encontrar razones y propósitos, solo tenemos que estar atentos a lo que miramos. Solo debemos saber dónde buscar.
Gracias a todos por estar siempre leyendo, atentos a todas las tonterías que escribo. Y lamento el no publicar tanto el año pasado como hice los años anteriores, espero poder cambiar eso si es que tengo tiempo este año. No es que sea una persona ocupada, pero a veces se me pasa porque simplemente no sé cómo decir lo que tengo que decir. Ya saben, dilemas de escritores.
Feliz año a todos, los amo y aprecio con toda mi alma el que se tomen unos minutos para leer aquí. Espero haber ayudado a alguien con las cosas que escribo, porque salen desde mi corazón, y en serio lo hago porque es mi pasión y para demostrar y mostrar que nadie nunca está solo. Siempre, en cualquier lugar del mundo, habrá alguien que te entienda, incluso cuando no puedas ver o no conozcas a esa persona.
Solo estamos solos si decidimos estarlo.
Muchas personas cercanas a mí hablaban de sus propósitos para este año. Yo... no tengo muchos, pero el no hablar de ello no significas que no los tenga. Tengo, son importantes, y personales. Y ahora, quizá porque es el primer día del año, quiero compartirlos con todos los que leen y con todos los que para mí son importantes. Quiero compartirlos con todas las personas que amo.
Para este año, quiero estudiar. No sé si lo conseguiré. A pesar de todo el esfuerzo que he puesto en ello, no tengo la confianza como para decir "lo hice bien, sé que lo conseguiré". Pero quiero hacerlo. Quiero estudiar la carrera que me gusta y vivir haciendo aquello que elegí para mi futuro. Hacerlo de corazón. Levantarme todas las mañanas y decir "el esfuerzo y el sacrificio valieron la pena, estoy feliz haciendo cada día lo que escogí". Pero no tengo la confianza para pensar de esa manera. Aún así, lo espero.
Quiero publicar mi novela. No me importa si es un completo fracaso. No importa si a nadie le gusta. No importa si en realidad no me hago "conocida". No espero ser famosa por publicar una novela, tampoco es la razón que me llevó a escribir de manera "profesional". Solo quiero publicarla, es mi sueño. Y todos queremos que nuestros sueños se haga realidad, incluso cuando hay tantas personas que quieren cortarnos las alas.
Quiero mantener a las personas que amo a mi lado. Y sé que suena como un propósito muy extraño, pero quiero hacerlo. Porque esas personas que llegan a nosotros, siempre lo hacen por algo, y es un error absoluto el dejarlas ir porque consideras que es lo mejor para la otra persona. Uno no puede saber qué es lo mejor para la otra persona, pero sí sabes lo que es mejor para ti. Sé que suena muy egoísta, pero alguien me enseñó que no es bueno hacer cosas que no queremos hacer, solo para que los demás se sientan felices. Porque entonces sacrificas tu felicidad y, al final de cuentas y como mencioné anteriormente, no sabes lo que puede ser mejor para la otra persona.
Y eso, no tengo más propósitos para este año. Por otro lado, sí tengo muchas experiencias nuevas que compartir, y espero ansiosa las aventuras que me deparan los siguientes y restantes 364 días a contar de hoy y en adelante.
Debo decir que el año pasado (suena tan lejano si lo digo de esa manera), fue un año muy... raro. Sí, creo que esa es la palabra correcta por el momento. Fue un año de muchos bajos y algunos altos, pero creo que si reminizo todo eso en este momento, siento que todo lo que sucedió en realidad valió la pena. Siento que si miro desde este momento hacia atrás, soy capaz de darme cuenta de todo lo que aprendí y absorbí.
No conocí a muchas personas el año pasado, la verdad, pero las pocas que conocí me hicieron bien. He aprendido de ellos y quiero que estos nuevos lazos se mantengan para el futuro. Que se afiancen y se hagan más y más fuertes a medida que el tiempo transcurre.
Las personas que conozco desde años anteriores, en su mayoría, se han mantenido a mi lado. Algunos se han marchado, y a pesar de que ha sido duro, ahora puedo ver que fue lo mejor. Hay veces en las cuales algunas personas solo transcurren por nuestros días, paseando sigilosamente o dejando torbellinos de emociones, solo para marcharse luego. No es malo, solo un tanto caótico y quizá, doloroso al final. Pero es bueno, porque son experiencias que nos ayudan a madurar.
Me reencontré con personas. Y han sido momentos maravillosos. Esas personas me han ayudado a verme mejor a mí misma, me han enseñado más y más cosas, y me han hecho muy feliz desde que están otra vez conmigo. Evocar los antiguos recuerdos, si bien es nostálgico y a veces muy triste, me ayuda a ver las cosas en perspectiva. Es como cambiar de ángulo. Como si mis pies ya no estuvieran anclados al suelo, sino más bien a una nube, y en este momento me encuentro colgando de cabeza mirando al suelo, sintiendo vértigo, pero disfrutando de la adrenalina del momento.
Si debo sacar una conclusión, puedo decir con una sonrisa que fue, a pesar de todo, un buen año aquel que dejo atrás. Un editor tuvo la confianza suficiente en mí como para detenerse a leer mi trabajo y decir "oye, esto funcionará". Tengo un trabajo que tal vez no sea el mejor del mundo, pero allí hay personas que he aprendido a querer y a reconocer más que como amigos, sino más bien como iguales. Afiancé los lazos con mi familia, cosa que me hace muy feliz. Tengo un hermanito menor al que amo y estoy como loca por tomarlo entre mis brazos por fin. Tengo muy buenos amigos que me quieren y me apoyan siempre que lo necesito, y con los cuales puedo sonreír sin sentirme culpable de nada. Siento que puedo ser yo misma a intervalos, y la depresión comienza a quedar atrás.
Creo que no puedo pedir, por lo menos hasta aquí, nada mejor que esto que describo. Pero sí, hay cosas mejores, hay personas mejores, hay momentos mejores.
Y ahora debo señalar que omití, al principio de este update, uno de mis propósitos de este año. Y no, no es leer más, ese ni siquiera debería contarse. Y no, tampoco es escribir más, ese tampoco se cuenta.
Mi propósito más importante es, por fin, ser feliz. Dejar de deprimirme y dejarme vencer por tonterías, dejar de esconderme debajo de la cama cuando tengo miedo de enfrentar lo desconocido, dejar de llorar escondida en la oscuridad cuando quiero hacerlo.
Este año no habrá más cortes para mí, ni más asquerosa regurgitación de comida (sí, que asco eso). Este año voy a vivir como no he vivido en mucho tiempo. Porque en este momento, me siento viva. Me siento fuerte, siento que puedo hacer cosas. Siento que puedo decirle a la vida que golpea como niña y no temblar ante la espera del siguiente golpe.
Será lo que tenga que ser (y sí, ¡por fin me entró en la cabeza, Leiv!).
No me siento segura, ni mucho menos, pero sé que si lo necesito, para mí existirá una mano y un abrazo incondicional. Ahora lo sé, ahora lo veo.
Quizá ahora todo cambie en este Blog, o quizá todo siga siendo igual que siempre. No lo sé, no puedo asegurar nada. Los propósitos no son cosas seguras en la vida, sino que son solo pretenciones y metas que queremos alcanzar, cosas que imaginamos como si no hubiera un mañana. Porque como bien dice mi amigo Pablo: "el pasado ya fue, el mañana todavía no llega". Y bueno, hay que disfrutar el momento. Y si hoy no alcanzas tus metas, aún puedes intentarlo luego, a tu propio ritmo, marcando tu propio paso y escuchando la propia música de tu corazón.
Solo espero que todo marche bien de ahora en adelante, lo espero de corazón. Y no solo para mí, sino también para las personas a quienes he decidido darles un gran e importante espacio en mi corazón. Porque no tengo miedo de ser lastimada ahora, porque no tengo miedo de fracasar. Porque siempre habrá un mañana para poder intentarlo. Y pueden llamarme optimista, ilusa incluso, pero es lo que pienso y siento ahora. Y pensar y sentir de esta manera es... no sé, ¿genial? No encuentro una palabra mejor que esa.
Espero que este año esté lleno de bendiciones para todas las personas que me siguen y que me leen. Espero que todas sus metas se cumplan, que logren cumplirlas. Espero que aquellos que comenzaron sintiéndose solitarios ya no se sientan más y que aquellos que comenzaron sintiéndose nostálgicos encuentren una razón para sonreír y continuar. Porque siempre se pueden encontrar razones y propósitos, solo tenemos que estar atentos a lo que miramos. Solo debemos saber dónde buscar.
Gracias a todos por estar siempre leyendo, atentos a todas las tonterías que escribo. Y lamento el no publicar tanto el año pasado como hice los años anteriores, espero poder cambiar eso si es que tengo tiempo este año. No es que sea una persona ocupada, pero a veces se me pasa porque simplemente no sé cómo decir lo que tengo que decir. Ya saben, dilemas de escritores.
Feliz año a todos, los amo y aprecio con toda mi alma el que se tomen unos minutos para leer aquí. Espero haber ayudado a alguien con las cosas que escribo, porque salen desde mi corazón, y en serio lo hago porque es mi pasión y para demostrar y mostrar que nadie nunca está solo. Siempre, en cualquier lugar del mundo, habrá alguien que te entienda, incluso cuando no puedas ver o no conozcas a esa persona.
Solo estamos solos si decidimos estarlo.
viernes, 27 de diciembre de 2013
Ausencia
El tic-tac del reloj me alarma, me alerta.
A veces siento que todo fue un sueño, que todo continúa siendo un sueño del cual no quiero despertar. Y aunque quisiera, no estoy del todo segura poder.
¿Recuerdas esos días, Rigel, en los cuales las horas transcurrían interminables, desde un punto muerto hasta el otro? ¿Recuerdas cómo dolía el adiós?
Yo lo recuerdo, y considero que es una tragedia el que tú no lo recuerdes.
Te observo desde aquí, ¿sabes? Pero pareces no darte cuenta. Es como si ya nada te importara. Es como si yo ya no fuese más importante para ti como tú lo eres para mí. Y es en serio algo triste y decadente, casi doloroso el sentir tu ausencia. La ausencia de ti en mi vida. La ausencia de tus sonrisas, de tus miradas.
Porque te quiero, Rigel, pero es tan triste el darme cuenta que no debo necesitarte más de lo que ya te necesito.
...
Los días continúan pasando, Rigel. Pasan sin ti. Pasan con la ausencia de ti, con la ausencia de mi, con la ausencia de ambos. Pasan y el tic-tac del reloj no cesa. Y a veces quisiera volver a ese lugar sin tiempo ni espacio del cual me sacaste, pero sé que no tengo el valor para hacerlo.
¿Cómo sobrevivir en aquel espacio sin ti, Rigel? ¿Cómo podré yo vivir en un mundo en el que tú no existes?
...
Estoy aprendiendo a orbitar en tu ausencia. Cada giro en espiral provoca nuevos sentimientos, cada nuevo punto de vista es algo que cambia la perspectiva de mis pensamientos y emociones.
Continúa siendo difícil sin ti aquí, pero creo que podré lograrlo. O no lo sé, pero quiero creer en ello porque, al final y en este momento, la esperanza es lo único que tengo.
Estoy seca sin ti, Rigel. Un poco vacía, un poco más oscura, bastante más solitaria. Pero creo que puedo hacerlo, porque aunque ya no te veo, aunque tu luz ya no brilla cerca de mí, tan brillante y caliente que inmola mis sentidos, estoy comenzando a acostumbrarme a este frio glacial que me envuelve, que me atosiga y me controla.
...
Aprendí a vivir en tu ausencia, Rigel.
Esta será mi última carta. O tal vez no.
Yo solo quería que me amaras. Tal vez no que me amaras más, pero sí que me amaras mejor.
Y digo que tal vez sea la última carta, Rigel, porque te he visto. Te he visto tomando su mano, y sentí que con eso podrías ser más feliz de lo que yo hubiera podido conseguir en felicidad y en amor para ti.
Solo quiero tu felicidad. Eso es todo lo que quiero ahora.
Aprendí a respirar sin tu aliento, aprendí a sobrevivir a tu ausencia, aprendí a querer un poco más de mí sin ti.
Pero aún no aprendo a olvidarte.
No sé si alguna vez podré hacerlo, Rigel, pero lo intentaré. Intentaré arrancarte de mi corazón, o por lo menos a guardarte celosamente hasta que nadie más pueda ver el amor profundo que marcaste a fuego, como un tatuaje de estrella, en mi piel y en mi alma. Guardaré nuestros recuerdos, nuestras sonrisas, nuestras locuras y ese corto pero imperecedero amor que nos profesamos de manera tan ferviente.
Lo guardaré para mí y lo guiaré al olvido, o tal vez solo al baúl de los recuerdos que, acumulando polvo día tras día, se irán perdiendo hasta que no sea ya capaz de encontrarlos.
...
Rigel...
Continúo siento tuya...
Siempre tuya...
...
Aún no te olvido. Aún no te borras. Aún te...
...
Amor...
Que triste recuerdo es aquel...
Rigel... ¿dónde estás ahora? ¿Qué estás haciendo?
Aún siento tu ausencia...
...
Rigel, tú... ¿eres feliz...?
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