Quienes me inspiran a seguir
jueves, 8 de diciembre de 2011
Confianza
Siempre callada, siempre discreta.
Las chicas buenas se mantienen así, en silencio, muy quietas y siguiendo las órdenes que se les dan.
Las chicas buenas no mienten, siempre dicen la verdad cuando deben decirla, más jamás hablan de sus sufrimientos ante los demás.
Las chicas buenas se mantienen en silencio y escuchan. Solo dan su opinión si se les pide y sonríen de manera recatada.
Las chicas buenas son de confianza, porque se les ha enseñado a no hablar, solo a escuchar.
Cuando una chica buena rompe su mudo juramento de mantenerse quieta y comienza a ser independiente, es cuando se desata el caos...
Y la confianza se pierde.
He demostrado lealtad y me han escupido en la cara. He abierto mi corazón por primera vez en la vida y me han llamado mentirosa. Te he sonreído y he confiado en ti porque así lo quise, ¿acaso fue un error?
No tengo nada que perdonarle, nada, después de todo... Tú tienes el corazón de oro, mientras que yo solo tengo la baratija de intento de corazón que lucha por latir un día más.
¿Hice algo, acaso, para perder tu confianza?
Claro, he hablado demasiado, ese es mi problema. Debí mantenerme tranquila, serena y callada como me enseñaron a serlo en lugar de creer que abriendo y mostrando mi podrido corazón lleno de dolor... Pero ya basta.
Si no confían en mí, ya más nada puedo hacer.
Si no confías en mí, creo que es porque merezco esto.
¿Tuviste que mostrarme la copa de hidromiel antes de arrebatármela? ¡¿Porqué lo hiciste?!
Yo solo hice lo que me pediste, confié en ti...
Y lo que es peor...
Lo hice de verdad...
Te quiero, siempre te querré, pero creo que eso no es suficiente para mantener una frágil relación de víctima/héroe. Eres un caballero de brillante armadura, eres demasiado para mí y siempre lo supe, fue estúpido de mi parte pensar que podría ser de otra manera. Fue estúpido de mi parte el pensar, si acaso, que podría importar de verdad hasta el punto en que mi alma se sanara con esta confianza.
Confío en ti con toda mi alma, con toda mi vida...
Lamento no haber podido causar lo mismo en ti, pero así debe ser...
Hasta siempre, Caballero...
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Prueba[me]
¿De cuantas maneras he de demostrarte que soy diferente? ¿Que a pesar de que aún sigo siendo una "niña ingenua", he madurado?
Las caídas, esas duras y largas, pesadas, me han enseñado en que, en lugar de correr al regazo de mis amigos debo enfrentar a la adversidad sola y como venga, pues es la única manera de salir adelante. No va a haber alguien en todo momento para defenderme, para protegerme de quienes quieran causarme mal, pero eso no significa que por estar sola voy a correr. No señor, voy a enfrentar lo que me pongan en frente y lucharé por lo que deseo con garras y colmillos.
Anda, ven, pruebame y te juro te demostraré lo que soy capaz de hacer. Pon un test de preguntas infinitas e incomprensibles, pues lo resolveré aunque me tome años. PERO LO HARÉ. No voy a rendirme, no ahora que me he dado cuenta todo lo que vale luchar por lo que uno quiere y por quienes uno quiere...
Dejó la pluma a un lado y observó la pared de su izquierda, llena de post-it, llena de mensajes que le recordaban lo que NO debía olvidar bajo ninguna circunstancia. Entre todos ellos, el más antiguo y lleno de polvo, no un post-it, sino una hoja de papel blanca con solo unas pocas palabras la hizo sonreír.
NO OLVIDES TODO LO QUE LE AMAS.
Ella sonrió, tomó su chamarra y salió de la habitación directa a la guillotina, a esa aburrida reunión que cambiaría su destino de una vez y para siempre.
Porque ella iba a luchar para obtener su amor de vuelta así eso fuese lo último que hiciera.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Apertura — Camino a Valhalla
Una pequeña "novelilla" que comencé a escribir basándome en la cultura nórdica sumado a la historia de un juego, Ragnarok.
Camino a Valhalla cuenta la historia, primero, de la muerte de algunos dioses, la reconstrucción del mundo envuelto en llamas y la repoblación del mismo, todo ello en un ambiente envuelto de misterio, drama, fantasía y claro, muchísima acción y fantasía heroica.
Este proyecto no sería posible de no ser por mis amigos de Atlantis Ragnarok Online, quienes se han ofrecido (sido obligados) con la mejor voluntad (hazlo o muere) para servir de usuarios (víctimas) en este nuevo proyecto mío.
Paco [mi hermanito del alma], Lalo [niño serio con voz de cuarentón (o eso dicen)], Abraham [un tierno (eso lo digo yo)], Tomás [¡wiiii!], Eve [chica FLANtástica], Ana [linda linda sobrina], Juan [sonríe~]. Gracias por ser mi inspiración esta vez, chicos.
Bueno, los invito a leer Camino a Valhalla dándole al link de acá al lado que se llama así y esperando que disfruten leyendo esta aventura de fantasía épica tanto como yo estoy disfrutando escribirla.
¡Un beso a todos!
sábado, 3 de diciembre de 2011
Con la Fuerza del Corazón
Sus piernas no se movían.
Probablemente nunca volverían a moverse.
Probablemente nunca volverían a sentir.
Una lágrima resbaló por su mejilla, su mirada antes brillante ahora velada por la tristeza.
Podía escuchar aún las palabras de los médicos que, ignorantes de que ella les escuchaba, hablaban con sus padres, diciéndoles que probablemente nunca volvería a caminar, que tendría que valerse de una silla de ruedas y mucha ayuda por el resto de sus días.
Unas manos apretaron la mano de ella, que caía lánguida sobre la cama. Ella observó esos ojos color chocolate, esa mirada que solo dejaba entrever esperanza y mucha, muchísima sabiduría.
—Ya verás que alguien te ayudará —le dijo el hombre con una sonrisa suave en los labios. Ella suspiró—. Estoy contigo, buscaremos ayuda juntos.
Ella no tenía esperanzas de que eso sucediera...
Pero sucedió.
Y ahora, diez años después, ella se alzaba orgullosa sobre sus piernas, todo gracias a la ayuda desinteresada de millones de personas dispuestas a servir a quien lo necesitara.
Y ella ahora estaba dispuesta a devolver el favor.
P.S: En honor al Instituto Teletón.
Teletón, 2 y 3 de Diciembre de 2011...
¡Con la Fuerza del Corazón!
Probablemente nunca volverían a moverse.
Probablemente nunca volverían a sentir.
Una lágrima resbaló por su mejilla, su mirada antes brillante ahora velada por la tristeza.
Podía escuchar aún las palabras de los médicos que, ignorantes de que ella les escuchaba, hablaban con sus padres, diciéndoles que probablemente nunca volvería a caminar, que tendría que valerse de una silla de ruedas y mucha ayuda por el resto de sus días.
Unas manos apretaron la mano de ella, que caía lánguida sobre la cama. Ella observó esos ojos color chocolate, esa mirada que solo dejaba entrever esperanza y mucha, muchísima sabiduría.
—Ya verás que alguien te ayudará —le dijo el hombre con una sonrisa suave en los labios. Ella suspiró—. Estoy contigo, buscaremos ayuda juntos.
Ella no tenía esperanzas de que eso sucediera...
Pero sucedió.
Y ahora, diez años después, ella se alzaba orgullosa sobre sus piernas, todo gracias a la ayuda desinteresada de millones de personas dispuestas a servir a quien lo necesitara.
Y ella ahora estaba dispuesta a devolver el favor.
P.S: En honor al Instituto Teletón.
Teletón, 2 y 3 de Diciembre de 2011...
¡Con la Fuerza del Corazón!
jueves, 1 de diciembre de 2011
Memoria

Dolor.
Eso era todo lo que su mente podía decir en ese minuto, que dolía como el demonio.
Abrió los ojos de manera perezosa, pero con miedo de no saber lo que ante ella se encontraría. Estaba aterrada aún en esa mullida y calentita cama de ásperas sábanas. Se encontró de lleno con un techo blanco como la leche, pulcro y brillante culpa de los focos que estaban pendiendo del techo, encendidos. A su lado alguien soltó un gritito de ahogada felicidad.
Desvió la vista hacia aquel lugar y se encontró con uno par de ojos color chocolate, profundos, familiares y cálidos, pero ella no era capaz de dilucidar un recuerdo firme de dónde los había visto antes. Suspiró, sentándose en la cama suavemente y el joven, sonriente, la estrechó en un suave pero poderoso abrazo. Ella, confusa, le devolvió el gesto de afecto antes de separarse con cautela.
—¿Quién eres? —inquirió ella, sintiendo un horrible dolor de cabeza al ver esos ojos color chocolate que se llenaban de lágrimas.
No tuvo tiempo de decir algo más pues al tiempo un joven alto y de ojos iguales a los de ella y ese chico entró en la habitación seguido de un séquito de enfermeras y un par de médicos. Ella, confundida, vio que todos la rodeaban e intentó concentrarse con todas sus fuerzas en las preguntas que el especialista le hacía mientras ella observaba a ambos jóvenes hablar en señas muy rápido. ¿De qué mierda se estaba perdiendo?
—Señorita —la llamó el especialista, y ella fijó toda su atención en él por primera vez—. ¿Qué día es hoy?
—¿Hoy? —inquirió ella, dubitativa. Lo meditó unos segundos antes de responder con un hilo de voz— Pues... Septiembre treinta si mal no me equivoco, ¿no?
El hombre suspiró y las enfermeras cambiaron la antes sonrientes expresiones de sus rostros por muecas de pura preocupación y desdicha. Los jóvenes, que contemplaban la escena, se tomaban de las manos sin dejar de mirarla.
—¿Sabe quienes son ellos? —inquirió de nueva cuenta el especialista, observando como ella de pronto temblaba de pies a cabeza sentada en el lecho.
—Yo... —dudó otra vez. Esos ojos, ese mirar, ella los conocía pero... ¿De dónde? O... ¿En serio los conocía?— No lo sé... Estoy muy confundida, ¿qué pasó?
—Recibió un fuerte golpe en la cabeza —explicó el médico pacientemente, despachando a las enfermeras—. Tendremos que hacerle unos exámenes hoy, probablemente se sienta desorientada pero es natural y no hay nada de qué...
Ella ya no lo escuchaba. Esos ojos, ellos, los conocía pero, ¿de dónde? ¿Cuáles eran sus nombres? Dios, le dolía la cabeza a reventar, solo quería irse a casa y hablar con su mejor amiga y con el padre de la misma para asegurarles de que se sentía bien y volver al trabajo lo antes posible. También tenía que recobrar los ensayos de la banda, las visitas a sus niños, llevar a su amiga a la universidad...
—¿Dónde está Anna? —dijo de pronto ella, alzando la mirada. Ambos jóvenes palidecieron— ¿Qué hora es?
—Es mediodía —dijo escuetamente el especialista, tomando la ficha médica—. Llamaré a su protector, ¿recuerda el número?
Ella le dio el número que conocía de memoria y vio al médico emprender la retirada junto a ambos jóvenes, dejándola nuevamente sola. Decidió dormir otro tiempo más, necesitaba descansar a ver si así se le pasaba el dolor de cabeza.
Dolor y desorientación, ambas cosas en una mescolanza que no le hacía nada bien a su caótico cerebro.
Desorientación y tristeza sin motivos. ¿Porqué sentía que olvidaba cosas sumamente importantes?
Su memoria... Estaba hecha trizas.
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